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martes, 21 de mayo de 2013

Metamorfosis


Úrsula se creía feliz. Siempre había obedecido a la autoridad social sin cometer ninguna locura, alineada por la máquina apisonadora de siglos de tradición. La autoridad parental se impuso en su hogar y en su vida y siempre obediente nunca dio un disgusto a sus padres. Aun siendo la mayor de los hermanos, la autoridad fraternal también hizo estragos en su personalidad y acataba, con una sonrisa y sin rechistar, los deseos tiranos de los demás. Tampoco fue nunca líder entre los amigos y menos se hizo notar ante la autoridad académica. Ni que decir tiene que en el plano laboral, aunque sus ideas creativas eran estudiadas con satisfacción, tampoco despuntó en las protestas por mejorar las condiciones salariales de aquellos años de lucha.




Y así se encontró un día, ya rozados los cincuenta y sin rumbo, perdida. Recordó una lectura de su veinte años, La metamorfosis, en la que el protagonista, Gregor Samsa, se levanta un amanecer convertido en insecto. Entonces no pudo extraerle todo su significado. Hizo falta que transcurrieran cerca de tres décadas para entender aquella simbología, el hombre aplastado por la sociedad, la familia, las normas morales, que se levanta un día anulado por todos, hasta por sí mismo. Y el final, la muerte metafórica del insecto, abandonado por todos.


Y Úrsula decidió que NO y a la mañana siguiente se lacó las uñas de un rojo intenso que le trastocó el alma por la novedad, pero su padre la obligó a borrarlo de sus uñas porque era un color de prostitutas; otra tarde se tiñó el cabello de un rubio platino juvenil que le hizo casi saltar por las aceras, sin embargo, su jefe le llamó la atención por su falta de elegancia en un trabajo como el suyo, atendiendo al público, y esa tarde volvió a su eterno color café con leche descafeinado; y soñó durante días con visitar las antiguas ruinas griegas el próximo estío , hasta que descubrió la cuenta bancaria embargada por una multa de circulación, más el pago de dos recibos de impuestos y uno de luz. En otro intento, cambió su viejo coche por una bicicleta con una cesta de mimbre azul llena de flores, que nunca llegó a estrenar porque la visita semanal a sus padres, algunas compras de última hora, la cita médica, el café obligado con la hermana, la recogida de algún sobrino de la guardería y de la ropa de la tintorería, las clases de inglés dos veces a la semana obligatorias de su empresa, y un largo etcétera de obligaciones insulsas diarias le robaban el tiempo para pasear en ella, y se vio tomando el metro, asfixiada entre una multitud de insectos que se dirigían o volvían del trabajo.

Y una noche pegó su frente sobre el cristal de su dormitorio mientras observaba las luces que titilaban a lo lejos, en la gran ciudad. Y soñó con un pequeño jardín, el mar, la arena, y una exposición de pinturas; con una pulsera de cuero, un concierto de verano, un paseo por el parque, una copa con amigos hasta el amanecer, volver descalza a casa…; y siguió soñando con una noche de rayos, zambullirse en el agua del mar de enero, con recoger castañas en otoño, y con un beso viscoso que le lamiera el ombligo; con aprender a bailar el tango, y leer mientras escucha jazz, comer palomitas ante su mejor película de amor y llamar al teléfono del tarot televisivo  para reírse de sus predicciones. Soñó con una blusa larga y una falda corta, con tacones de vampiresa y chanclas doradas de sirenas, con una fiesta de espuma y un concierto de violoncelo y con todos su caprichos y todos sus contrarios.

Y soñó  muchas noches con su frente unida al  helado cristal.
Y un amanecer, halló sus alas frágiles retorcidas entre las sábanas.


domingo, 7 de abril de 2013

Espejos


Mi carnicero es un tipo con clase. No es mío, aunque escriba el posesivo, pero sigue siendo un tipo con   clase. Elegante en sus gestos, vestido de negro y con delantal de igual color, emana empaque. Es educado, correcto y tiene un producto excelente. Mientras este fin de semana lo veía cortar la magra carne con gestos monótonos me quedé pensando en la gente que hace bien su trabajo, que ofrece un buen servicio a los demás y que se cruzan a diario en nuestro camino. Y el hilo de mi pensamiento me llevó al relator de historias del que hemos podido disfrutar esta semana, Pepe Maestro, juglar moderno, a más señas gaditano y guasón , que hizo las delicias del público con su Cuento de la Q o las aventuras de la vaca Alfonsina. Era todo palabras y gestos, comunicación y darse por entero, porque realiza bien su trabajo. Y seguí hacia Javier, joven poeta, con numerosos premios literarios, que un día está dando una conferencia, o leyendo en el Instituto Cervantes, o haciendo malabarismos para sacar tiempo para escribir sus artículos o su última novela, y su trabajo me parece maravilloso porque no alimenta nuestras necesidades físicas sino las que envuelven el pensamiento y los sentimientos, poniendo toda su alma en cultivar la nuestra. Y he tenido la suerte de que se cruce en los días monótonos y me ofrezca un maravilloso y divertido proyecto que, si se consigue, nos permitirá hacer malabarismos literarios y nos amenazará con benditos quebraderos de cabeza elevados al cubo, no obstante confío en su quehacer porque él sabe hacer las cosas bien. Y de él salté a Dani, al que escucho desde mi silla impartir una clase de filosodía que resucitaría a un muerto, con un ímpetu y una motivación increíbles, y que me regala sus relatos para una primera lectura antes de que su proyecto de publicarlos se haga realidad y el hilo de la esctritura me llevó a  una persona a la que aprecio mucho y está luchando contra una enfermedad devastadora, con ánimo, con paciencia y con ganas. Él me ha enseñado, nos ha enseñado, lo que es entregarse por entero a los proyectos, con ilusión, responsabilidad   y valentía. En momentos ha sido duro e inflexible para que aprendamos también la importancia de un no en el instante adecuado…

Y sigo mirando las manos de mi carnicero, el elegante, que me pregunta si deseo algo más. “No, nada más, gracias” contesto pensando que solo deseo más gente anónima que sepa hacer bien su trabajo, que viva al doscientos por cien gracias a sus ilusiones y que sean un ejemplo aunque su desempeño consista en seccionar un trozo de ternera. Eso sí, con elegancia y empaque.

domingo, 31 de marzo de 2013

Perdí


No solo te perdí a ti.
Perdí los olores conocidos y los sabores monótonos.
Perdí los recuerdos comunes y los recuerdos infantiles susurrados.
Perdí tu visión de mí y con ello parte de lo que fui.
Perdí la misma música callada  y el mismo compás descompasado.
Perdí las tardes de siesta y la onza de chocolate en el sofá.
Perdí los proyectos futuros y las ilusiones ilusas.
Perdí la complicidad y la mano segura que asía.
Perdí la minúscula mancha de óxido en el filo de la bañera y el goteo del grifo que nunca arreglé.
Perdí el hombro que cargaba y la curva de tu cuello en la suavidad de la noche.
Perdí las mismas sonrisas ante situaciones ridículas y las caricias lánguidas.
Perdí el ayer y parte del hoy. Porque mi hoy hubiese sido distinto proyectado en tu espejo.
Perdí lo que fui reflejado en tu mirada, el reflejo que me completaba como ser.
Perdí el aire de alrededor y las ganas de respirar.
Perdí.
Y no solo te perdí a ti.
Porque yo era yo, más el yo que era contigo.
Llegados a este punto descubro…,
que también me perdí a mí.



lunes, 18 de febrero de 2013

Literatura literaria


 
Siempre me han gustado los libros. Las hojas, mejor cuanto más rugosas, el negro sobre el blanco, la pelea de letras encorsetadas en una página, el olor a nuevo, la impaciencia antes de comenzarlo, el avance lento por cada página, el adelantarme algunas para conocer más y el reposo final en una estantería.

A todas las sensaciones anteriores tengo que sumar la de los títulos. Estos son la avanzadilla; un título acertado es la red en la que caemos para elegir un libro, el primer elixir que embriaga, la primera miel que endulza la lectura. Un título perfecto es ya la historia, la cierra y la mejora.

Cuánto dicen títulos como Pídeme lo que quieras, Misión olvido o El tango de la guardia vieja. Con el nombre propio de los libros publicados en los dos últimos años se puede hasta escribir una historia:

El cielo a medio hacer cubría Una tienda en París. Frente a su escaparate, me encontraba a la Intemperie, abstraído, pensando en La vida imaginaria. Llegaste tarde y me llamaste la atención por haber faltado a Las cenas de los martes, y tras escuchar tu interminable perorata de quince minutos fui consciente de Las ventajas de ser marginado. Prefería mil veces vagar solo, acompañado de El susurro de la caracola e imaginarme Los ojos amarillos de los cocodrilos que tener que sufrir la compañía de tus insoportables vecinos. Me perdonaste con esa mirada tuya que da calor a El invierno del mundo, no sin antes amonestarme con un < Que sea la última vez>. Te invité a tomar algo en La casa del viento, y como El amor huele a café me oí susurrarte Si tú me dices ven, lo dejo todo, pero dime ven. Nunca se me han dado demasiado bien Los enamoramientos y con La falsa sonrisa que te caracteriza me respondiste <Me encontrarás en el fin del mundo>. Y así me quedé, con tu último recuerdo En un rincón del alma.
 
 

viernes, 1 de febrero de 2013

Boca preposicional





A tu boca…, con avidez.

Ante tu boca…, la espera de la mía.

Bajo tu boca…, con pasión.

Con tu boca…, siempre de compañera.

Contra tu boca…, la fuerza débil.

De tu boca…, siempre la verdad.

Desde tu boca…, la palabra exacta.

En tu boca…,l a sonrisa eterna.

Entre tu boca… , y la mía...

Hacia tu boca… , mis labios expectantes.

Hasta tu boca…, la distancia perfecta.

Para tu boca…, mil besos encendidos.

Por tu boca…, la guerra ganada.

Según tu boca…, formamos el círculo perfecto.

Sin tu boca…, la oscuridad y el olvido.

Sobre tu boca…, mis suspiros confundidos.

Tras tu boca…, más de un  par de ojos perseguidores.



domingo, 20 de enero de 2013

Aquellos días azules de mi infancia


La única patria que tiene el hombre es la infancia (Rilke).

Tengo que estar haciéndome vieja según Benedetti y su cita  en la que declaraba que la infancia es un privilegio de la vejez y en esta etapa es cuando con más claridad se recuerda. No sé por qué llevo unos días pensando en mi infancia y en momentos de ella que echo de menos.

Echo de menos la mano de mi padre, tibia, agradable que agarraba siempre cuando nos sentábamos en el sofá o cuando caminábamos por la calle, gesto que he seguido realizando hasta su muerte; los  “migotes” para desayunar con agua caliente, leche condensada y el pan partido en cachitos; el baño que me daba mi madre y, tras secarme, me iba vistiendo mientras ella recitaba una oración cual letanía… “ bendito y alabado”, yo contestaba “sea”, “ el Santísimo Sacramento”, “ del altar”, y en cada grupo de palabras iba introduciendo una pierna, la otra, un bracito, el otro…; la hora de la comida en la que todos sentados a la mesa íbamos contando las anécdotas de la mañana  que mi padre adornaba con sus chascarrillos, y cuando el tema era enconado siempre echaba mano de una estadística ante la risa general; aquellos días de playa eternos y la alegría de ver a mis padres bajando la escalerilla a su vuelta del trabajo, señal de que el baño estaba próximo; las tardes de playa en la orilla jugando al puntillón tras una excursión a las rocas que eran el  límite de la más osada aventura junto con el paseo hasta los fortines; las Nochebuenas familiares con primos y tíos en las que nos reuníamos más de cuarenta personas ruidosas; el cubre almohada que me ponía de falda con cola de princesa y me arrastraba, bien enana tenía que ser; todos los perrillos que tuvimos y que hacían nuestras delicias; las visitas a mi abuela  paterna a aquella casa enorme y antigua que era todo un misterio, con alcobas cerradas que guardaban fabulosos secretos y mientras papá charlaba con ella la de kilos de café que le dejábamos molido con aquello molinillo antiguo  de  manivela, tras esto, las tostadas en La Mallorquina y la mano de la abuela diciéndonos adiós desde la puerta de la iglesia; aquel primer “Patoso” de los Reyes Magos que gateaba, ¡ un muñeco que se movía!; las tardes de Exin castillo montando y desmontando torres ( creo que nunca llegamos a montar un castillo al completo); los cacharritos de la feria a los que nos llevaban por la mañana para que ya no diéramos la lata durante el día y los concursos de sevillanas; las fotos que nos tomaba mi padre todos los domingos, arregladitos  los cuatro y cogidos de la mano en orden de mayor a menor…

Chesterton escribió “lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla” y si has tenido la suerte de tener una infancia feliz, es cierto que un instante que rememores es entrañable, a veces nostálgico, pero todos quedan grabados como surcos de arado que demuestran que has vivido y que, como en estos minutos que escribo, afloran como pañuelos de colores, anudados unos con otros, de los que tiras y no tienen final.
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿ A qué hora?



No quedaba pan para desayunar, salgo corriendo para el Centro, toca abrir puerta y dar la bienvenida a los que todavía hoy tienen ganas de seguir en nuestra compañía o en la suya propia, faltan alumnos, faltan profesores, sustituciones, hay que desalojar por completo el departamento para la limpieza anual, el cristal de los ventanales produce un efecto invernadero insoportable y hace calor, mi madre me llama preguntando por mi tía de la que no sé nada desde hace días ¿?, mi sobrina aparece con once sobresalientes de once asignaturas de 1º de bachillerato, pleno al once, su padre se emociona y recuerda también en un día como hoy a su padre que cumpliría 85 años y que disfrutaría también con las calificaciones de su nieta, el pequeño cierra la puerta de su despacho para quedarse en soledad tras nuestros mensajes, mientras la abuela acude a la actuación del menor de sus nietos que canta villancicos a cien kilómetros de distancia y de paso vuelve a llamarme para recordarme que compre la carne del cocido de ternera, no otra, ya no sé en qué cajas estoy introduciendo los libros, exámenes y demás documentos, a ver cuando vuelva en enero quién encuentra algo de lo embalado, disfruto como nadie de mi clase de literatura universal y al terminar pienso que tengo cena de empresa esta noche y no recuerdo si las medias están en condiciones o la última carrerilla hizo de las suyas, entran alumnos regalándome bombones que me son imposibles de rechazar, más calorías y no hemos comenzado estas dos semanas de excesos, veo a compañeros corriendo literalmente por los pasillos, y no sé por qué , de repente, el suicidio de Lucía cruza por mi mente mientras tantos luchamos por seguir, será porque otra compañera entra en mi despacho con los nervios de punta porque espera hoy unos resultados médicos que la asustan, examen de recuperación de Lengua a las doce, tú estás de comida y yo tras la mía de viernes he practicado las bulerías con las guasonas en la cafetería donde todas las tardes tomamos el café, sigo guardando en cajas documentos que tengo de cuando Carolo y en un arranque de valentía comienzo a destruir muchos de ellos, sin ojearlos, no vaya a ser que me invada la tentación de guardarlos conmigo, envío últimos mensajes a mi equipo , documentos importantes que estudiar estas Navidades, ya no sé qué hacer con esta marea de papeles, Santa Claus acaba de llegar para los más pequeños que están recibiendo sus regalos, últimos artículos para corregir, me duelen los pies, y acabo de decidir que se acabó …


Eso del fin del mundo…,¿a qué hora llegaba?

martes, 27 de noviembre de 2012

Confesiones V



Amaranta ha preparado sus maletas y ha cerrado la puerta de su casa con tranquilidad. Se dirige a casa de una amiga durante unos días. Se ha puesto en contacto conmigo esta tarde para darme a conocer su marcha.  Está tranquila, sabe que va a echar de menos a sus peques, pero necesita distancia y sosiego. Lleva ya algunas noches con pastillas para poder conciliar el sueño y piensa que es lo mejor en estos momentos. La apatía comienza a asentarse en sus movimientos y es cierto lo que comenta Raúl, que se pasea por su casa como un fantasma.

Me extraña que sea ella la que haya abandonado el hogar, pero Amaranta nunca dejará de sorprenderme. Como en una tragicomedia, no hemos podido dejar de reír mientras me relataba cómo hace unos meses estuvo viendo una noche un corto en la 2 de TVE. En este, un marido se dirigía a su casa ensayando en el coche cómo le iba a decir a su  mujer que iba a irse una temporada, pues no era la vida que había soñado y quería aires nuevos. Cuando se lo comunica a su mujer, ella se lo toma muy bien y lo ayuda a hacer la maleta. En mitad del proceso, y ante el asombro de él, ella se echa a llorar y le solloza que cómo puede ser ella tan egoísta y  separarlo así de su hijo. De eso nada. El bebé se marcha con él. Se dirige a la habitación del pequeño y comienza a hacer la maleta del bebé: pañales, biberones, baberos… A todo esto, él, pasmado, no sabe cómo reaccionar. De nuevo, ella se para y, de nuevo llorando, le comenta que ella es lo peor del mundo, ¿cómo va a sacar a su hijo de casa? Que no, que  de eso nada, que la que se marcha es ella. Él sigue sin saber reaccionar, mientras ella toma el teléfono y llama a su mejor amiga para irse unos días con ella. La amiga, soltera y ligona, le aconseja que se lleve unos cuantos vestidos monos, que ha quedado con unos amigos masculinos para salir. A todo esto, el marido alucinando sigue escuchando las risas y los planes que su mujer va comentando en voz alta. Cuando ella cuelga y empieza a preparar su maleta, en la que introduce ropa interior sexy y conjuntos provocativos, él reacciona y le suplica que no se marche, que lo ha pensando mejor y que quiere intentarlo de nuevo. El corto finaliza con un primer plano del rostro de ella sonriente y deshaciendo la maleta. Touché. 

Amaranta  reconoce que no ha sido esa su intención, pero que le dio que pensar. ¿Por qué suele ser el hombre quien se marche a pensar? Muchas mujeres siguen con sus quehaceres diarios, con el doble de responsabilidades porque ellos no están, el mundo no se para porque alguien se dedique a pensar, y con tanto ajetreo, una termina exhausta al llegar la noche y sin un solo pensamiento dedicado a tamaño problema.
Después de media hora escuchando tu voz, no puedo evitar un pensamiento: en el fondo te da miedo que él se marche y decida no volver. De esta forma te da la impresión de que manejas la situación y tú puedes decidir. Nada más lejos. Él se marchó hace tiempo, Amaranta.

 En él está volver, en ti esperar.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Confesiones IV



No ha sido por falta de temas que comentar en el blog, pero no quería interrumpir estas confesiones que comencé hace unos días con otras cuestiones más (o menos) mundanas. Me parecía una falta de respeto hacia mis amigos.  Después de un lapsus, imagino hasta que ha arreciado algo la tormenta, Raúl me comenta que  no sabe si reír o llorar ante tamaña majadería. Leer los pensamientos de su mujer en mi blog mientras  en casa ella se pasea como nebulosa fantasmal que no le dirige la mirada, y menos la palabra,  le produce, no extrañeza, sino cierto pavor. Pues sí, chico, esta bipolaridad tendría que asustarte, pienso con cierta sorna.

 Me comenta que nota que estoy acercándome a la postura de Amaranta. No es cierto. Tú eres mi amigo, mi muy querido amigo, sin embargo esta cualidad no me impide que pueda pensar en lo que está bien y en lo que está mal. Y por ahora, y a falta de las explicaciones que queráis hacerme llegar, el que ha metido la pata hasta el fondo eres tú. Claro, me suelta, no has tenido en cuenta por qué he llegado yo a ese punto, por qué he mirado a otra mujer, por qué esa necesidad de sentirme vivo. Llevas razón, no he ido hasta las razones que te han empujado a ser infiel. Te escucho:

-No lo tenía planeado. Imagino que ya no sentía lo que tenía que sentir, ¿no? Si hubiese sido así  no me hubiese fijado en otro cabello, otras piernas, otra sonrisa.
-    -Visto así…
     -Es duro, pero es la conclusión a la que llego tras pararme a pensar en lo que estoy viviendo.
-  -¿Te has planteado qué es lo que tendrías que sentir? Dime, al menos, que no esperabas a esta altura de la película que el corazón te galopase cada vez que tu mujer cruzase  la puerta.
-   -¿Y por qué no?
   -Estás de broma, ¿verdad? Después de tantos años, estarías muerto ya de tantas subidas de adrenalina. Eso es enamoramiento, no es amor. El amor es otra cosa.
   -Es lo mismo.
   -Vale, no vamos a discutir sobre esto, pero lo que yo entiendo por amor tiene mucho de dulzura, de tranquilidad, complicidad, sexo, pasión, apoyo, admiración, ternura y poco de sofocones y latidos arrítmicos.
   -Lo que me describes suena a monotonía.
   -Suena a amor, bendita monotonía de un buen amor. Pero ya veo que no es cuestión de ser nominalistas y darle un nombre a lo que sientes, lo importante es esto, lo que te late o ya no te late. Da igual, esto es algo tuyo, íntimo y que tú solo puedes descifrar. Al menos dime que has dejado el cliché de lado.
    -¿El cliché?
    -Por favor, no es rubia y pechugona…
    -Ja, ja, ja, ¡eres tremenda!
    -Lo sé, pero he conseguido sacarte una carcajada.
    -No quiero hablarte de ella…
    -¡Dios!, ¡es rubia y pechugona…!
    -¡Déjame en paz!
    -De acuerdo, no comentaré más sobre los atributos femeninos de tu gata, pero te recuerdo que para llegar al estado de leona de Amaranta, seguro que le queda mucho a esa rubia de bote.
    -¿Ves? Se te ve el plumero.
    -Pues sí. Y en este punto no hay discusión. Mil años que viva y mil años que tu mujer será la mejor para mí.
    -No voy a discutirlo, y menos si en unas horas Amaranta lee tu blog.
    -¡Cobarde!


jueves, 15 de noviembre de 2012

Confesiones III


Tras un paréntesis de setenta y dos horas, recibo un correo electrónico de Amaranta.  En el encabezamiento ya me espeta que cómo he tenido el valor de escribir su historia en el blog,  le avergüenza y se ríe pensando que para una vez que la nombro saco a la luz sus miserias. ¡Vaya bautizo e-literario! Llevas razón, amiga mía, pero necesito escribir, a modo de catarsis  personal, sobre todos estos tsunamis sentimentales que os intentan ahogar. Me vais sepultando bajo vuestros problemas y aunque posteriormente intento expulsarlos, se van quedando como posos de café en mi ánimo. Además, que más te da si has entrado en este mundo de ficción con un nombre falso y maravilloso.

Desconoce lo que opinará Raúl, pero en el fondo está encantada con la idea de poder leer sobre lo que él me comenta y siente. Es una ventaja para vosotros, pero el filo del cuchillo del daño está rozando, así que prometo revelar aquellos pensamientos y opiniones que sumen y olvidar los que resten. Ya os estáis robando caricias, miradas, sonrisas, y todo un lenguaje no verbal que comenzáis a no recordar. Estáis restando demasiado.

Amaranta tiene los nervios como púas, la cabeza ausente y la sensación de que empieza a rodar por una pendiente. En estos momentos no es capaz de pensar con claridad, ni de percatarse de que lo importante no es entrar en la pendiente, sino ser capaz de descubrir la longitud  de esta,  la velocidad en la caída  (aprendes mejor el concepto  constante de las clases de Física) y el tiempo que tardarás en alcanzar el final. Sin embargo, ha centrado su obsesión en la amante y en la idea ancestral de que ellas son las divertidas, sexys, sorprendentes,  la fruta prohibida. Lo prohibido motiva muchísimo; si a esto le unes la novedad y la parafernalia romántica hilada por la literatura y el cine, pues se siente en desventaja.

Completamente de acuerdo contigo. Podría “filosofearte” sobre que tú eres el ancla a la realidad, eres todavía parte de su proyecto de vida, proyecto común, real, tangible. Nada de nada, querida, cada día que pasa eres más un borrador.

Consejo: aunque suene a tópico, mañana haz una parada en una exquisita lencería. ¡Ataca!

lunes, 12 de noviembre de 2012

Confesiones II


Raúl solo ha tardado dos días en contactar conmigo. Desconozco por qué mis amigos me consideran gurú profesional  en estos temas cuando mi sempiterno desbarajuste emocional poca luz puede arrojar sobre este asunto. No obstante, me acomodo en el sofá, apoyo el auricular del teléfono cerca de mi oído  y me dispongo a escuchar.
No recuerda muy bien cómo sucedió, casi intuye el porqué y lo único que tiene claro es el cuándo, una cena de la empresa. Se sentía joven de nuevo. Cuerpo de cincuenta y menos guiado por una mente de veinte. Se levanta más temprano para elegir la ropa, afeitarse a diario, y sale quince minutos antes para enviar mensajes quinceañeros a quien lo espera todas las mañanas con una sonrisa. ¿No sonríe Amaranta? le pregunto. Sí, claro que sonríe, pero no tengo casi tiempo para fijarme en su sonrisa. Llega tarde del trabajo, ducha, cena, niños, está cansada. Y los fines de semana, entre los partidos de los niños, trabajo que siempre se trae de la empresa, mi fútbol con los colegas, pues nos estamos convirtiendo en dos autómatas paralelos que pocas veces cruzan su camino, y menos sus caricias.
¡Lástima, Raúl! , me oigo decir. Y pienso en Amaranta, tan ajena a esta queja, tan luchadora, tan envuelta en su burbuja, a la que le están clavando alfileres y comienza a desinflarse. Raúl prosigue ofreciéndome un monólogo en el que describe su conflicto interior, el torbellino de sentimientos y sus pocas luces para encontrar una salida. Después de cincuenta y dos minutos de tiempo y nueve mil ochocientas treinta y dos palabras, que no aclaran nada, nos despedimos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Confesiones I


Me escribe Amaranta.
Amaranta es una mujer con nombre de realismo mágico, pero con una realidad difusa y  a la deriva. Pisa con fuerza por las calles de su vida gracias a un carácter fuerte que envuelve a su vez con una suavidad femenina e inteligente. Un buen cargo en una de las mejores empresas de la capital, casa en una zona residencial, un marido que la admira y entiende sus ausencias debido al  trabajo y dos hijos que son su centro motriz.
Amaranta me confiesa que hace dos meses  ha descubierto que su marido tiene una amante. De forma casual, sin intención. Eran las cinco de la tarde  de un sábado en el que Raúl jugaba al  fútbol con unos amigos. Dejó olvidado en casa su móvil. Sonó. Número desconocido.¿Dígame?Una voz con un marcado acento sudamericano la saluda amablemente  y la interroga sobre una llamada que se ha realizado esa misma mañana debido a un terminal que no funcionaba bien. Amaranta se extraña, su móvil no tiene problemas, el de Raúl, tampoco, cree. Pregunta extrañada por el número que se le ha facilitado a la compañía. No conoce ese número, sin embargo, la señorita  insiste en que ese número está contratado por el señor Raúl (…) y da los apellidos de su marido y otros datos personales. Extrañada, finaliza la llamada indicándole a la señorita de voz acaramelada que lo intente de nuevo más tarde.
No quiere cansarme con   más detalles. Cuando lo interroga,  él no conoce el número. Ella ya está inquieta, sospecha, pues ya había notado las primeras ráfagas de aire frío entre sus cuerpos. Como sabueso, a la primera oportunidad que se le cruza, logra descubrir que ese número de teléfono pertenece realmente a Raúl. Dos o tres hilos más, de los que tira, la van enredando en  lo que ya sabía desde la llamada de la voz acaramelada: en su hogar tres personas utilizaban el mismo pack telefónico y, dos de ellas, el mismo cuerpo masculino.
La pantalla de mi teléfono se ilumina. Reconozco el número, es Raúl. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Insatisfacción


      Si estoy de viaje quiero estar en mi casa. Si estoy en mi casa me gustaría estar dando una vuelta. Quiero tomar helados cuando como ahumados y dulces si me ofrecen helado. Si estoy en mi ciudad querría estar en Madrid o París y si estoy a las orillas del Sena me gustaría estar paseando por las orillas de mis playas. Si quedo con los amigos querría estar en el sofá y si estoy descansando en el sillón no estaría mal dar una vuelta. Si veo la televisión pienso que es mejor escuchar música y si escucho música pienso que lo mejor es leer un rato. Si trabajo me transporto con el pensamiento a una calle, si paseo estoy pensando en el trabajo que me queda por hacer. Si tomo pescado me imagino una buena carne delante y si como un buen chuletón estoy mirando de reojo la ensalada fresca del comensal de la derecha. Cuando estoy sola me gustaría estar acompañada y cuando la compañía me rodea deseo escapar a las manos de la soledad. Si me compro una falda creo que hubiese acertado más con el pantalón y si compro la chaqueta, seguro que me hubiera quedado mejor la blusa. Si decidí que mejor el zapato de tacón me quedo embobada con el calzado plano de la chica que acaba de pasar. Si el pelo me crece deseo cortarlo a lo garzón, cuando está cortado deseo que crezca a toda velocidad para dejar la melena suelta, que luego será recogida en una coleta para terminar pensando que la debería cortar de nuevo. Si elijo blanco quiero también negro y morado y rojo. Si bailo quiero cantar y si ando, correr. Si te miro, me gustaría estar mirando a otros y cuando los observo estoy echando de menos tus pestañas.
       No entiendo cómo la tristeza me deja reír y desconozco por qué en los momentos tristes siempre hay sitio para una sonrisa en mi cara. Adoro la marcha, la alegría, la locura y lo irracional y a la misma vez me hacen feliz  la ternura, la madurez de la tristeza, la cordura y cierto orden.
       Quisiera entenderme. No sé si es la eterna insatisfacción que me persigue o la necesidad de tener más vidas para poder cubrir todas las proyecciones vitales que anidan en mí.

lunes, 27 de agosto de 2012

Es una lata...


      Los que me seguís que ya tenéis ciertas experiencias a vuestras espaldas, que no edad ni años, seguro que no tenéis problemas para entonar esta letra: es una lata, el trabajar, todos los días te tienes que levantar, aparte de eso, gracias a Dios, la vida pasa felizmernte si hay amor... Pues en eso estamos, ya de vuelta al trabajo y pasito a pasito entrando en esa rutina, a veces beneficiosa, que te vuelve a encuadrar la vida y los esquemas, y entre ellos, teclear algo en este blog que he tenido casi olvidado todo el verano, unas veces porque la pereza me envuelve, otras, porque las musas también se marchan de vacaciones. En ocasiones, pienso que el tema elegido es una nimiedad y en otras tantas, soltaría cada perla por la boca, en este caso, por las teclas, que me arrepentiría al instante siguiente. Así que entre dudas, arena, viento, risas, vino, siestas, sol, atardeceres, sombras y música, ha pasado un verano más.
      Como no queda otra, seguiremos en esta dirección: pa'lante.
      Y que no falte el camino a seguir. Ni las fuerzas.



                                          Foto: Marta B.B
 

viernes, 6 de julio de 2012

Carpe diem



Me levanto el primer día de las vacaciones, para ser más exacta, el primer día que físicamente no acudo al trabajo, pues no está todo finalizado y me quedan unos días para rematar algunos flecos que quedan sueltos, la divina burocracia; no temblemos, para eso está la conexión a internet y a tu máquina del trabajo desde casa, ¡ qué gran invento! (léase con ironía).
En fin, que aquí estoy sentada en la mesa de trabajo y pensando, que se ha terminado otro curso, y lo de siempre, cómo vuela el tiempo. Levanto la vista y enfrente ocupa casi todo el espacio un piano antiguo que compraron mis padres hace años a unos amigos y que ha terminado en mi casa. Mi hija hace sus pinitos con él, y aunque está algo desafinado, consigue robarle ya ciertas melodías que me enternecen. Encima de él reposan unas fotografías que me ratifican el tópico del tempus fugit. Cuando explico este tópico a mis alumnos, chasqueo los dedos y les voy indicando que ese segundo no lo van a volver a vivir, ni este, ni este, ni este... y sigo haciendo sonar mis dedos para que sean conscientes de otro tópico, cotidie morimur, morimos todos los días, es un camino hacia la muerte, no hay vuelta atrás. Parece negativo, pero no, así entienden mejor el carpe diem, aprovecha el momento, aprovecha la vida, disfrútala. Si no entiendes los dos primeros, difícilmente podrás sacarle todo el partido al tercero.
Vuelvo de nuevo los ojos hacia las fotografías del piano. Dos son de mis bisabuelos paternos, de mitad del siglo XIX, en color sepia, el color que mejor muestra el paso de la vida que queda reflejado en una instantánea; en otra aparcen los abuelos paternos de mi hija hace más de cuarenta años; a su lado una de mis padres con sus nietas en su bautizo y a esta la rodean tres momentos de mi hija con tres, cinco y ocho años respectivamente. Son  el reflejo del pasado, de lo pasado que tienes presente y desde los pequeños marcos rectangulares hoy me gritan: carpe diem.
Lo intentaremos.

jueves, 26 de abril de 2012

Lástima



Me dan lástima una persona mayor abandonada en un rincón, el abuelote que sentado sobre el poco tiempo que le queda va desgranando sus recuerdos, las personas que comen en soledad en los restaurantes, los ojos suplicantes de un perro abandonado, unas manos ajadas por el duro trabajo, las personas analfabetas a las que se comen los grandes tiburones porque no saben defenderse, la agonía del desesperado que no tiene qué llevarse a la boca, un niño perdido, arrojar las sobras de una comida a la basura, una cría de animal abandonada, las barcas rotas en la orilla de la playa en invierno, la mirada del hombre del campo buscando la esperada lluvia del cielo, aquel que piensa erróneamente que es mejor por tener y no por querer, los olvidados por todos, los niños despreciados por sus compañeros de juegos, los que sufren pérdidas y los que ganan, porque no conocen el fracaso y la voluntad de seguir.


Y a ti, ¿qué te da lástima?

sábado, 31 de marzo de 2012

Vuelvo


No han transcurrido los veinte años del famoso bolero, pero vuelvo. Nada de energías renovadas, no ha habido descanso físico ni mental. Vuelvo tras la dura y estéril sequía que deja una pérdida infinita. Vuelvo tras comprobar que el corazón sigue latiendo, que amanece todos los días, que el levante ha regresado al comienzo de la primavera, que la lluvia que cae me permite oler a tierra en mi jardín, que el bullicio se acrecienta en tardes a las que la luz les ha regalado el don de más minutos de vida, que mis ojos siguen retratando imágenes, mis manos acariciando y mi boca besando el bendito cabello de mi hija. Vuelvo siendo consciente de una verdad increíble para un alma sin alma, que la vida vive a tu alrededor, se suceden los minutos, las horas y, ahí está, un día más. La vida a mi alrededor y la muerte también. Que se disputen mis pensamientos entre ellas.

Mientras tanto, aquí te llevo, en pensamiento, palabra y obra. Sé que con todo tu amor y con tu bendición, vuelvo a la vida, acompañada de tu eterna sonrisa.

Nunca me olvides, yo no lo hago.

sábado, 4 de febrero de 2012

Microrrelato I


El día que decidió suicidarse arrojando su cuerpo desde la vigésima planta de aquel rascacielos, no contó con la silueta desnuda de su vecina que se divisaba tras el cristal de la ventana del undécimo piso. Deseó poder detener esa caída absurda, y en un instante, se encontró delante de su puerta. Le pidió solícito un poco de azúcar; al día siguiente unas gotas de aceite y al tercer día su corazón. Ella se lo entregó aderezado con algo de sal y a él le supo a caramelo dulce. Dos semanas más tarde, ella se lo requirió, solo el corazón, podía quedarse con el azúcar y el aceite prestados. Él deseó morir en ese momento y, de nuevo, se encontró en una caída libre delante de la ventana del noveno, del quinto, del tercero… ¡Qué sonrisa más hermosa la de la vecina del primero! Deseó corresponderle con otra, mas ya no tuvo tiempo.
No siempre el amor extiende sus alas y nos salva.

(Basado en una idea de García Márquez)

miércoles, 6 de julio de 2011

Soy un es cansado

Hace exactamente noventa y cinco minutos que acabo de finalizar mi vigésimo curso. ¡Veinte años! ¡Cómo vuela el tiempo!
No podría ya nombrar a tantos alumnos que han pasado por mis clases. Algunos ya rondan los treinta años, se han casado y han tenido sus primeros hijos, es decir, tengo " nietos pedagógicos".
Acabo de comenzar las ansiadas vacaciones y, eso mismo, ansiedad es lo que siento en este momento. Como todos los años, necesito adaptación. Después de diez mil informes, juntas, pruebas de escala, pruebas de registro, pruebas de referencia de la expresión escrita( a ver qué se inventan para el curso próximo las altas esferas educativas), corrección de exámenes, calificaciones, seguimiento de alumnos, programaciones,corrección de artículos y circulares, pruebas de ingreso..etc, etc, etc, una llega a estas fechas con la lengua fuera y el corazón a cien por hora.
Necesito desaceleración y entrar en un aburrimiento absoluto. Eso es lo que necesito, distinto es que lo consiga.

En esta primera tarde, me siento como Quevedo:

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.

martes, 21 de junio de 2011

Algún día se irán

Ahí estabas hoy, tan bonita, cantando con tu coro, marcando el ritmo de cada compás con la pierna nerviosa que no dejabas de mover. Nos mirabas y sonreías con la boca abierta cantando a toda voz esa docena de canciones que han hecho las delicias de todo el auditorio. Te veía ya tan mayor y tan pequeña a la vez. Hubiese deseado tener miles de cámaras fotográficas en mis pestañas para retratarte cada segundo y dejarte impresa en mis retinas para siempre.

Y mientras, vuestras voces me llegaban:

…mi juventud, mi adolescencia,
mi edad de jugar,
ya verás como algún día se irán.


Y quiero pararte, siempre con esa cara, ese pelo revuelto, la nariz pecosa y las miradas cómplices entre compañeros. Pero no puedo, ¡ y te vas tan rápido!:


…la distancia duele más,
si atrás quedó lo mejor,
como un niño sin jugar,
como una triste canción.


Y se me llenan los ojos de lágrimas con esta canción. ¿Tu distancia medirá mi distancia? ¿Siempre queda atrás lo mejor? ¿O lo que nos depara el futuro es más efímero y positivo?

No quiero para ti días sin juegos ni canciones tristes.
Quiero verte como hoy, feliz, cantándole a la vida, marcando el ritmo de tus pasos en tu camino, con un compás vivo y recordando lo que esta tarde has cantado:

…caminante no hay camino, se hace camino al andar.