domingo, 30 de diciembre de 2012

Gracias


Las nuevas tecnologías nunca dejan de asombrarme y más si permiten que personas desconocidas te den gratísimas sorpresas, de esas que inundan los ojos de lágrimas y te hacen creer que entre la frialdad de ondas, cables y teclados hay hilos humanos que nos conectan.
Anoche, mientras me dedicaba a corregir algunos trabajos de mis alumnos, recibí el siguiente mensaje en mi móvil. Me vais a permitir que, por respeto,  mantenga el nombre de esta persona en el anonimato:

Estimada amiga, este correo es fruto de una peripecia en la búsqueda de información por simple curiosidad que me ha llevado a tu Blog y deduzco de tu perfil que puede gustarte que te lo cuente:
Cuando en 1981 recién casados fuimos a vivir a San Fernando mi mujer y yo resultamos vecinos de una señora ya mayor de una extraordinaria elegancia en su porte y en su comportamiento, se presentó como Amparo Elorza, viuda de Beláustegui y como nos vimos con amistosa frecuencia nos contó que un hijo suyo había estado en la División Azul y (aún se le humedecían los ojos) que había fallecido a consecuencia de las heridas que sufrió en Rusia...
Hace un rato teclee en Google los apellidos Beláustegui Elorza para ver si había en la red algún dato sobre él, fíjate que oí su nombre hace ya 31 años y no lo he olvidado por el dolor con que hablaba Doña Amparo, y encontré en tu Blog la referencia a tu padre Francisco Beláustegui Elorza y su conmovedor encuentro con el médico alumno suyo precisamente en San Fernando deduje que es su hijo y después por las referencias del Blog a las clases de literatura en Bachillerato he llegado a la idea de que este es tu correo sacado de Facebook.
Es un recuerdo de una dama de otro tiempo que aún comentamos en casa.
Un cordial saludo Yolanda.
 
La abuela, mi abuela, sí que realmente era especial. Pero hoy no voy a hablar de ella, dejaremos su persona para mi próxima entrada. Hoy quiero agradecer a este amigo virtual el regalo tan especial que nos ha hecho, a mí y a mis hermanos, por sus sentidas palabras, por el cariño y aprecio que demuestran los recuerdos de esa dama, por traérnosla a la memoria de nuevo y, sobre todo, porque es maravilloso comprobar que mientras las personas nos recuerden seguimos estando vivos.
Gracias por recordarla, por molestarte en buscar sus datos, mis datos, y por escribirme para compartir vuestros recuerdos con nosotros a través del tiempo y del espacio.
 
Un último pensamiento, hoy se cumplen veintitrés años del fallecimiento de la abuela y no puedo evitar pensar que existen las casualidades y también los hilos mágicos que hacen que el universo se mueva...   
 
 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Será mejor así





Tu rostro eternamente trenzará entre mi pecho
inéditos cordajes,
se mantendrán tus manos taumaturgas,
y en tu ritmo no habrá jamás monotonía.
El color de tus ojos siempre será distinto,
y el sabor de tu piel,
y el de tu boca.
Jamás será rutina desnudarte
ni ver cómo te ocultas.
Porque no te atreviste
a romper con tu mundo cotidiano,
no será nunca el nuestro cotidiano,
rutinario y monótono.
Cada cual vivirá a solas su jornada
y en vez de soportarnos mansamente,
yo haré literatura entre otras cosas,
y tú no sé qué harás, fuera de mi memoria.

Jesús Munárriz
"De aquel amor me quedan estos versos" 

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿ A qué hora?



No quedaba pan para desayunar, salgo corriendo para el Centro, toca abrir puerta y dar la bienvenida a los que todavía hoy tienen ganas de seguir en nuestra compañía o en la suya propia, faltan alumnos, faltan profesores, sustituciones, hay que desalojar por completo el departamento para la limpieza anual, el cristal de los ventanales produce un efecto invernadero insoportable y hace calor, mi madre me llama preguntando por mi tía de la que no sé nada desde hace días ¿?, mi sobrina aparece con once sobresalientes de once asignaturas de 1º de bachillerato, pleno al once, su padre se emociona y recuerda también en un día como hoy a su padre que cumpliría 85 años y que disfrutaría también con las calificaciones de su nieta, el pequeño cierra la puerta de su despacho para quedarse en soledad tras nuestros mensajes, mientras la abuela acude a la actuación del menor de sus nietos que canta villancicos a cien kilómetros de distancia y de paso vuelve a llamarme para recordarme que compre la carne del cocido de ternera, no otra, ya no sé en qué cajas estoy introduciendo los libros, exámenes y demás documentos, a ver cuando vuelva en enero quién encuentra algo de lo embalado, disfruto como nadie de mi clase de literatura universal y al terminar pienso que tengo cena de empresa esta noche y no recuerdo si las medias están en condiciones o la última carrerilla hizo de las suyas, entran alumnos regalándome bombones que me son imposibles de rechazar, más calorías y no hemos comenzado estas dos semanas de excesos, veo a compañeros corriendo literalmente por los pasillos, y no sé por qué , de repente, el suicidio de Lucía cruza por mi mente mientras tantos luchamos por seguir, será porque otra compañera entra en mi despacho con los nervios de punta porque espera hoy unos resultados médicos que la asustan, examen de recuperación de Lengua a las doce, tú estás de comida y yo tras la mía de viernes he practicado las bulerías con las guasonas en la cafetería donde todas las tardes tomamos el café, sigo guardando en cajas documentos que tengo de cuando Carolo y en un arranque de valentía comienzo a destruir muchos de ellos, sin ojearlos, no vaya a ser que me invada la tentación de guardarlos conmigo, envío últimos mensajes a mi equipo , documentos importantes que estudiar estas Navidades, ya no sé qué hacer con esta marea de papeles, Santa Claus acaba de llegar para los más pequeños que están recibiendo sus regalos, últimos artículos para corregir, me duelen los pies, y acabo de decidir que se acabó …


Eso del fin del mundo…,¿a qué hora llegaba?

martes, 27 de noviembre de 2012

Confesiones V



Amaranta ha preparado sus maletas y ha cerrado la puerta de su casa con tranquilidad. Se dirige a casa de una amiga durante unos días. Se ha puesto en contacto conmigo esta tarde para darme a conocer su marcha.  Está tranquila, sabe que va a echar de menos a sus peques, pero necesita distancia y sosiego. Lleva ya algunas noches con pastillas para poder conciliar el sueño y piensa que es lo mejor en estos momentos. La apatía comienza a asentarse en sus movimientos y es cierto lo que comenta Raúl, que se pasea por su casa como un fantasma.

Me extraña que sea ella la que haya abandonado el hogar, pero Amaranta nunca dejará de sorprenderme. Como en una tragicomedia, no hemos podido dejar de reír mientras me relataba cómo hace unos meses estuvo viendo una noche un corto en la 2 de TVE. En este, un marido se dirigía a su casa ensayando en el coche cómo le iba a decir a su  mujer que iba a irse una temporada, pues no era la vida que había soñado y quería aires nuevos. Cuando se lo comunica a su mujer, ella se lo toma muy bien y lo ayuda a hacer la maleta. En mitad del proceso, y ante el asombro de él, ella se echa a llorar y le solloza que cómo puede ser ella tan egoísta y  separarlo así de su hijo. De eso nada. El bebé se marcha con él. Se dirige a la habitación del pequeño y comienza a hacer la maleta del bebé: pañales, biberones, baberos… A todo esto, él, pasmado, no sabe cómo reaccionar. De nuevo, ella se para y, de nuevo llorando, le comenta que ella es lo peor del mundo, ¿cómo va a sacar a su hijo de casa? Que no, que  de eso nada, que la que se marcha es ella. Él sigue sin saber reaccionar, mientras ella toma el teléfono y llama a su mejor amiga para irse unos días con ella. La amiga, soltera y ligona, le aconseja que se lleve unos cuantos vestidos monos, que ha quedado con unos amigos masculinos para salir. A todo esto, el marido alucinando sigue escuchando las risas y los planes que su mujer va comentando en voz alta. Cuando ella cuelga y empieza a preparar su maleta, en la que introduce ropa interior sexy y conjuntos provocativos, él reacciona y le suplica que no se marche, que lo ha pensando mejor y que quiere intentarlo de nuevo. El corto finaliza con un primer plano del rostro de ella sonriente y deshaciendo la maleta. Touché. 

Amaranta  reconoce que no ha sido esa su intención, pero que le dio que pensar. ¿Por qué suele ser el hombre quien se marche a pensar? Muchas mujeres siguen con sus quehaceres diarios, con el doble de responsabilidades porque ellos no están, el mundo no se para porque alguien se dedique a pensar, y con tanto ajetreo, una termina exhausta al llegar la noche y sin un solo pensamiento dedicado a tamaño problema.
Después de media hora escuchando tu voz, no puedo evitar un pensamiento: en el fondo te da miedo que él se marche y decida no volver. De esta forma te da la impresión de que manejas la situación y tú puedes decidir. Nada más lejos. Él se marchó hace tiempo, Amaranta.

 En él está volver, en ti esperar.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Confesiones IV



No ha sido por falta de temas que comentar en el blog, pero no quería interrumpir estas confesiones que comencé hace unos días con otras cuestiones más (o menos) mundanas. Me parecía una falta de respeto hacia mis amigos.  Después de un lapsus, imagino hasta que ha arreciado algo la tormenta, Raúl me comenta que  no sabe si reír o llorar ante tamaña majadería. Leer los pensamientos de su mujer en mi blog mientras  en casa ella se pasea como nebulosa fantasmal que no le dirige la mirada, y menos la palabra,  le produce, no extrañeza, sino cierto pavor. Pues sí, chico, esta bipolaridad tendría que asustarte, pienso con cierta sorna.

 Me comenta que nota que estoy acercándome a la postura de Amaranta. No es cierto. Tú eres mi amigo, mi muy querido amigo, sin embargo esta cualidad no me impide que pueda pensar en lo que está bien y en lo que está mal. Y por ahora, y a falta de las explicaciones que queráis hacerme llegar, el que ha metido la pata hasta el fondo eres tú. Claro, me suelta, no has tenido en cuenta por qué he llegado yo a ese punto, por qué he mirado a otra mujer, por qué esa necesidad de sentirme vivo. Llevas razón, no he ido hasta las razones que te han empujado a ser infiel. Te escucho:

-No lo tenía planeado. Imagino que ya no sentía lo que tenía que sentir, ¿no? Si hubiese sido así  no me hubiese fijado en otro cabello, otras piernas, otra sonrisa.
-    -Visto así…
     -Es duro, pero es la conclusión a la que llego tras pararme a pensar en lo que estoy viviendo.
-  -¿Te has planteado qué es lo que tendrías que sentir? Dime, al menos, que no esperabas a esta altura de la película que el corazón te galopase cada vez que tu mujer cruzase  la puerta.
-   -¿Y por qué no?
   -Estás de broma, ¿verdad? Después de tantos años, estarías muerto ya de tantas subidas de adrenalina. Eso es enamoramiento, no es amor. El amor es otra cosa.
   -Es lo mismo.
   -Vale, no vamos a discutir sobre esto, pero lo que yo entiendo por amor tiene mucho de dulzura, de tranquilidad, complicidad, sexo, pasión, apoyo, admiración, ternura y poco de sofocones y latidos arrítmicos.
   -Lo que me describes suena a monotonía.
   -Suena a amor, bendita monotonía de un buen amor. Pero ya veo que no es cuestión de ser nominalistas y darle un nombre a lo que sientes, lo importante es esto, lo que te late o ya no te late. Da igual, esto es algo tuyo, íntimo y que tú solo puedes descifrar. Al menos dime que has dejado el cliché de lado.
    -¿El cliché?
    -Por favor, no es rubia y pechugona…
    -Ja, ja, ja, ¡eres tremenda!
    -Lo sé, pero he conseguido sacarte una carcajada.
    -No quiero hablarte de ella…
    -¡Dios!, ¡es rubia y pechugona…!
    -¡Déjame en paz!
    -De acuerdo, no comentaré más sobre los atributos femeninos de tu gata, pero te recuerdo que para llegar al estado de leona de Amaranta, seguro que le queda mucho a esa rubia de bote.
    -¿Ves? Se te ve el plumero.
    -Pues sí. Y en este punto no hay discusión. Mil años que viva y mil años que tu mujer será la mejor para mí.
    -No voy a discutirlo, y menos si en unas horas Amaranta lee tu blog.
    -¡Cobarde!


jueves, 15 de noviembre de 2012

Confesiones III


Tras un paréntesis de setenta y dos horas, recibo un correo electrónico de Amaranta.  En el encabezamiento ya me espeta que cómo he tenido el valor de escribir su historia en el blog,  le avergüenza y se ríe pensando que para una vez que la nombro saco a la luz sus miserias. ¡Vaya bautizo e-literario! Llevas razón, amiga mía, pero necesito escribir, a modo de catarsis  personal, sobre todos estos tsunamis sentimentales que os intentan ahogar. Me vais sepultando bajo vuestros problemas y aunque posteriormente intento expulsarlos, se van quedando como posos de café en mi ánimo. Además, que más te da si has entrado en este mundo de ficción con un nombre falso y maravilloso.

Desconoce lo que opinará Raúl, pero en el fondo está encantada con la idea de poder leer sobre lo que él me comenta y siente. Es una ventaja para vosotros, pero el filo del cuchillo del daño está rozando, así que prometo revelar aquellos pensamientos y opiniones que sumen y olvidar los que resten. Ya os estáis robando caricias, miradas, sonrisas, y todo un lenguaje no verbal que comenzáis a no recordar. Estáis restando demasiado.

Amaranta tiene los nervios como púas, la cabeza ausente y la sensación de que empieza a rodar por una pendiente. En estos momentos no es capaz de pensar con claridad, ni de percatarse de que lo importante no es entrar en la pendiente, sino ser capaz de descubrir la longitud  de esta,  la velocidad en la caída  (aprendes mejor el concepto  constante de las clases de Física) y el tiempo que tardarás en alcanzar el final. Sin embargo, ha centrado su obsesión en la amante y en la idea ancestral de que ellas son las divertidas, sexys, sorprendentes,  la fruta prohibida. Lo prohibido motiva muchísimo; si a esto le unes la novedad y la parafernalia romántica hilada por la literatura y el cine, pues se siente en desventaja.

Completamente de acuerdo contigo. Podría “filosofearte” sobre que tú eres el ancla a la realidad, eres todavía parte de su proyecto de vida, proyecto común, real, tangible. Nada de nada, querida, cada día que pasa eres más un borrador.

Consejo: aunque suene a tópico, mañana haz una parada en una exquisita lencería. ¡Ataca!

lunes, 12 de noviembre de 2012

Confesiones II


Raúl solo ha tardado dos días en contactar conmigo. Desconozco por qué mis amigos me consideran gurú profesional  en estos temas cuando mi sempiterno desbarajuste emocional poca luz puede arrojar sobre este asunto. No obstante, me acomodo en el sofá, apoyo el auricular del teléfono cerca de mi oído  y me dispongo a escuchar.
No recuerda muy bien cómo sucedió, casi intuye el porqué y lo único que tiene claro es el cuándo, una cena de la empresa. Se sentía joven de nuevo. Cuerpo de cincuenta y menos guiado por una mente de veinte. Se levanta más temprano para elegir la ropa, afeitarse a diario, y sale quince minutos antes para enviar mensajes quinceañeros a quien lo espera todas las mañanas con una sonrisa. ¿No sonríe Amaranta? le pregunto. Sí, claro que sonríe, pero no tengo casi tiempo para fijarme en su sonrisa. Llega tarde del trabajo, ducha, cena, niños, está cansada. Y los fines de semana, entre los partidos de los niños, trabajo que siempre se trae de la empresa, mi fútbol con los colegas, pues nos estamos convirtiendo en dos autómatas paralelos que pocas veces cruzan su camino, y menos sus caricias.
¡Lástima, Raúl! , me oigo decir. Y pienso en Amaranta, tan ajena a esta queja, tan luchadora, tan envuelta en su burbuja, a la que le están clavando alfileres y comienza a desinflarse. Raúl prosigue ofreciéndome un monólogo en el que describe su conflicto interior, el torbellino de sentimientos y sus pocas luces para encontrar una salida. Después de cincuenta y dos minutos de tiempo y nueve mil ochocientas treinta y dos palabras, que no aclaran nada, nos despedimos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Confesiones I


Me escribe Amaranta.
Amaranta es una mujer con nombre de realismo mágico, pero con una realidad difusa y  a la deriva. Pisa con fuerza por las calles de su vida gracias a un carácter fuerte que envuelve a su vez con una suavidad femenina e inteligente. Un buen cargo en una de las mejores empresas de la capital, casa en una zona residencial, un marido que la admira y entiende sus ausencias debido al  trabajo y dos hijos que son su centro motriz.
Amaranta me confiesa que hace dos meses  ha descubierto que su marido tiene una amante. De forma casual, sin intención. Eran las cinco de la tarde  de un sábado en el que Raúl jugaba al  fútbol con unos amigos. Dejó olvidado en casa su móvil. Sonó. Número desconocido.¿Dígame?Una voz con un marcado acento sudamericano la saluda amablemente  y la interroga sobre una llamada que se ha realizado esa misma mañana debido a un terminal que no funcionaba bien. Amaranta se extraña, su móvil no tiene problemas, el de Raúl, tampoco, cree. Pregunta extrañada por el número que se le ha facilitado a la compañía. No conoce ese número, sin embargo, la señorita  insiste en que ese número está contratado por el señor Raúl (…) y da los apellidos de su marido y otros datos personales. Extrañada, finaliza la llamada indicándole a la señorita de voz acaramelada que lo intente de nuevo más tarde.
No quiere cansarme con   más detalles. Cuando lo interroga,  él no conoce el número. Ella ya está inquieta, sospecha, pues ya había notado las primeras ráfagas de aire frío entre sus cuerpos. Como sabueso, a la primera oportunidad que se le cruza, logra descubrir que ese número de teléfono pertenece realmente a Raúl. Dos o tres hilos más, de los que tira, la van enredando en  lo que ya sabía desde la llamada de la voz acaramelada: en su hogar tres personas utilizaban el mismo pack telefónico y, dos de ellas, el mismo cuerpo masculino.
La pantalla de mi teléfono se ilumina. Reconozco el número, es Raúl. 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Cabañuelas

Me voy a comprar unas botas de agua y una secadora...

jueves, 1 de noviembre de 2012

No me da la gana


      Abro el “face” y entre tanta información de proyecciones de amigos reales que se convierten en virtuales, leo todos los días una decena de mensajes de una página de esas que se dedican a escribir textos motivadores del tipo “Lo importante no es caer, sino levantarse” o “Hay algo de ti que te susurra que las cosas algún día van a cambiar”. Y he llegado a la conclusión que no es que me gusten más o menos las frasecitas, es que me tienen harta. Porque cuando caes, te levantas porque no tienes más narices, si no, te quedarías toda la vida reptando cual culebra, y las cosas no cambian, cambias tú y tienes que ser tú mismo el motor del cambio. Pero qué idílica queda la imagen del hada madrina  susurrándote “ mantén la esperanza, esto cambiará”…, pues espera sentado.

       Y esas de “Perdona, olvida, mira hacia delante”. No me da la gana. No me da la gana olvidar y no me da la gana perdonar ni el daño, ni la maldad, ni la mentira. ¡No me da la gana! ¿Por qué tengo que utilizar el consabido “ borrón y cuenta nueva”? Pues no quiero, no voy a olvidar nunca, ni perdonar a los que me hicieron daño conociendo hasta el último segundo de angustia. Sí perdono el daño sin consciencia, el daño leve sin intención, pero el que me han hecho con alevosía, para hundirme, para borrarme, para anularme, ¡no me da la gana!

      Y ya se llevan la palma los cartelitos tipo “ Sigue a tu corazón”, “ El corazón lleva la razón” o aquella “ no puede evitarse lo que el corazón siente”, pues claro que no puede evitarse, no podemos controlarlo, pero para eso está la cabeza, para controlar, dirimir qué es lo mejor que se puede hacer, para disminuir los daños posibles y para recordar dos  valores: la verdad y la lealtad. Sin embargo, hay gente que va por la vida como apisonadora, tarde comprendí que la envidia es el peor de los males. ¿Y encima me tengo que poner en su lugar y entenderlos?
Iré al infierno pero,  ¡no me da la gana!

viernes, 26 de octubre de 2012

Sin batería

Así me he sentido esta semana...

Usted se cree una persona libre, pero, de hecho, más de la mitad de sus actos a lo largo del día son simples acciones y reacciones mecánicas, que realiza con la conciencia manipulada a distancia. Cualquier conductor ha pasado por esta experiencia. Durante un largo viaje en coche uno puede conducir muchos kilómetros desde el subconsciente. De pronto, como si despertara de un sueño y volviera a la realidad, el conductor cae en la cuenta de que está a punto de llegar a su destino sin haber reparado en algunas ciudades que ha dejado atrás. Pese a esta falta de conciencia el conductor ha cumplido con todas las normas de circulación. Ha puesto el intermitente al adelantar, ha respetado la línea continua, ha guardado las distancias, no ha sobrepasado el límite de velocidad. Realmente ha conducido ejerciendo él mismo de piloto automático, mientras su cerebro estaba en otra parte, ajeno al paisaje que atravesaba. Tal vez había percibido que una abubilla levantaba el vuelo desde un sembrado o que había un perro aplastado en medio de la carretera. Esta experiencia puede aplicarse a todos los aspectos de la conducta humana. Suena el despertador, el ciudadano salta de la cama, se ducha, se afeita o se maquilla, desayuna café con leche y media tostada, sube al coche, se mete en el atasco, llega a la oficina, sonríe al jefe, saluda a los compañeros, revisa los papeles, habla docenas de veces por el móvil, almuerza el plato del día, hay más papeles en el despacho, termina la jornada, cierra el ordenador, se mete en el atasco, el portal, el llavín, la casa, la mujer, el marido, los hijos, la noche, la cena, la televisión, la cama. Y así un año y otro año cumpliendo siempre las reglas con palabras y gestos repetidos frente al vuelo de una abubilla o a la visión de un perro despanzurrado convertidos en el gran acontecimiento de la vida. Un zombi no es exactamente un muerto viviente sino un ser cuya voluntad está poseída por otro. Robot es una palabra checa que significa esclavo. Alguien que es dueño de nuestros actos va tirando de los hilos hasta que de pronto un día uno se encuentra al final del trayecto sin darse cuenta de que ha vivido. Me pregunto en qué parte secreta del cuerpo tenemos la batería.

 09/09/2012. Manuel Vicent (El País)

viernes, 19 de octubre de 2012

Vivir en los pronombres


       Después de mi entrada de ayer, Arbaro me comenta que vaya la que me ha dado con tantos "yos" . Y recuerdo que  otros ya escribieron dando vida a los pronombres. En  el siguiente poema, el maestro Pedro Salinas, viviendo en los pronombres.







Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!




Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.

Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».


Pedro Salinas, 1933

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Yo?


 
Llevo unos días con una idea rondándome por la mente: voy a hablar de Yo, no de mí, que también, sino de yo, mi yo. En el momento en el  que me sitúo frente a la pantalla y el documento en blanco aparece, surge el yo de este instante y, en unos segundos, me asalta el yo del pasado que ha sido otro yo. Porque soy la suma de todos los yos del pasado, de todos los yos del futuro, que todavía no conozco y aún no soy, y de todos los yos que no he sido ni seré.

Delimitados los parámetros de todos estos yos, en una nueva vuelta de tuerca, descubro que además soy el yo de mis sueños y mi yo en los tuyos será diferente, como así lo serán mis múltiples yos para todos los que me rodean. Soy un yo diferente para cada individuo que se ha cruzado en mi camino. Soy también el yo de un nosotros y no soy yo en un vosotros ni en un ellos. Y mi yo se convierte en o en ella cuando me identifican otros ojos.

  Mi yo para el que me ama es diferente de mi yo del que me olvida y mi yo cuando se piensa no es el mismo que mi yo cuando se observa. Y entre realidad e irrealidad deduzco que la suma de tantos yos, con tan diferentes prismas, me impide hablar de alguien a quien definitivamente  no conozco.

Menos mal que me queda eso de pienso luego existo...
  

miércoles, 10 de octubre de 2012

Sin comentarios

Me informa Coral que no puede insertar comentario pues le aparece un robot de esos que no le deja demostrar que es persona y no muñeco de hojalata. Alimontero ya lo avisó hace unas semanas, pero pensé que había sido problema en la máquina o en el programa en ese momento. Arbaro acaba de entrar y ha podido dejar su comentario sin dificultad aparente. Me indica que puede ser que el tema radique en que además de copiar la palabra que se nos indica ( para demostrar nuestro corazón caliente), ha dejado un espacio en blanco y ha copiado también el número o las letras que aparecen en la fotografía de la derecha que acompaña. ¿Será o no será?
Si sois tan amables y lo conseguís, dejadme un comentario para saber que está solucionado. Si en unos días no recibo noticias de nadie, me lanzaré a buscar el problema dichoso hasta que consiga conectarnos.
La tecnología, que igual que nos une, por capricho nos separa. Femenina tenía que ser.

martes, 9 de octubre de 2012

Privilegio


Eran veinte meses los que contaba mi hija cuando la acompañé de mi mano por primera vez al colegio. La jornada era larga, ocho horas, y como es natural, se llevó semanas llorando hasta que se hizo a la costumbre. Más de una vez he tenido que esconderme por los pasillos, cual sombra,  para que no me viese, pues si sucedía, volvía a comenzar la llantina.

De este modo han ido consumiendo su tiempo los cursos, los años, y  en alguna que otra ocasión me he preguntado si el hecho de convivir las dos en el mismo colegio y ejercer yo de profesora en él, la perjudica más que la beneficia. Ella es consciente de que le exijo el máximo de respeto por todos, que no llegue a mis oídos una queja,  si los demás dan el cien, ella tiene que dar el ciento veinte y, a veces, antes de que ella acuda a contármelo, ya me ha llegado una noticia sobre  alguna anécdota del día. Gracias a Dios, es una persona y alumna buena, que no da problemas, cariñosa con todos y no soy ajena a que algo se callarán mis compañeros para hacerle el día a día más parecido al de otros alumnos.

Este curso los cristales de su aula coinciden frente a los de la mía cuando imparto  en bachillerato. Son grandes ventanales que permiten observar perfectamente. En más de una ocasión me he encontrado echándole una visual y observando su espalda, su cabeza doblada cuando escribe, riéndose por alguna broma del profesor o concentrada en su trabajo. Y he pensado en el privilegio, en lo que darían otros padres por poder mirar detenidamente a sus hijos dentro de este espacio desconocido, cómo se comportan, cómo viven, cómo respiran ( más de uno se llevaría una sorpresa con su angelito) , en fin, cómo se mueven  en ese mundo que tan lejos queda para los que no son docentes.

Ayer, un compañero me paró por los pasillos para darme una grata noticia. En su último examen  mi hija había obtenido una calificación muy buena, superando a todos sus compañeros de nivel. La he visto estudiar muchísimo para esa prueba y hasta he caminado con ella para hacer algo de ejercicio y se ha llevado los apuntes para ir repasando y repitiendo los contenidos mientras tanto. Por supuesto, no le comenté nada a ella y la casualidad ha querido que hoy este compañero haya entregado los exámenes para que los alumnos los revisaran mientras yo me encontraba en el aula de enfrente. Y he podido ver sus nervios mientras esperaba que le diesen el suyo, cómo movía la cabeza y preguntaba a unos y otros qué tal y , sobre todo, el momento en el que el profesor le ha tendido el examen y le ha dicho algunas palabras, imagino que felicitándola. ¡Vaya privilegio! Poder ver su reacción nerviosa, su júbilo en ese instante, y, de repente, se ha vuelto como si notase que mis ojos de voyeur  castos  estaban clavados en su espalda y me ha buscado. Ha sonreído y me ha levantado el pulgar a modo de clave.

Qué verdad es que la vida es una sucesión de instantes. Y algunos merecen la pena vivirlos intensamente y grabarlos en la memoria…, o en un blog.

viernes, 5 de octubre de 2012

Aunque tú no lo sepas


   Mi admirado Luis García Montero incluyó en su libro Habitaciones separadas este poema. En él se inspiró Quique González para escribir su canción con el mismo título, Aunque tú no lo sepas. Se la dedicó a su amigo Enrique Urquijo que la interpretó posteriormente  y ha sido versionada por grupos como El canto del loco.
   Os dejo con la lectura de este poema  y con el tema cantado por Urquijo.
 Cuando el amor no puede ser real, la imaginación suple las carencias.
  ¡Que lo disfrutéis!


 


Aunque tú no lo sepas

Como la luz de un sueño,


que no raya en el mundo pero existe,
 
así he vivido yo
 
iluminado
 
esa parte de ti que no conoces
 
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...
 
Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
 
cruzar la puerta sin decir que no,
 
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
 
responder al deseo de mis labios
 
con tus labios de whisky,
 
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

 


También hemos hablado
 
en la cama, sin prisa, muchas tardes
 
esta cama de amor que no conoces,
 
la misma que se queda
 
fría cuando te marchas.

 

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
 
hicimos mil proyectos, paseamos
 
por todas las ciudades que te gustan,
 
recordamos canciones, elegimos renuncias,
 
aprendiendo los dos a convivir
 
entre la realidad y el pensamiento.
 
Espiada a la sombra de tu horario

o en la noche de un bar por mi sorpresa.


 
Así he vivido yo,
 
como la luz del sueño
 
que no recuerdas cuando te despiertas.




 
 
 
 
 



 
 

jueves, 4 de octubre de 2012

Tan separados vivir

 
En el día de tu santo, qué mejor manera de recordarte que con este bolero que te gustaba tanto cantar a pleno pulmón o silbando su melodía: cuando se quiere de veras, como te quiero yo a ti, es imposible, mi cielo, tan separados vivir... 
Te quiero y sigo echando muchísimo de menos tu mano.
 
 
 
 

martes, 25 de septiembre de 2012

Llueve

Una jornada agotadora. Doce horas en el trabajo, sumadas a las doce de ayer y a las que me restan todavía mañana. He cruzado el umbral de la puerta de casa a las nueve de la noche. Cansada, pero necesitaba respirar. Me echo una sudadera encima y  me calzo unas deportivas. A la calle. Ya ha caído la noche encima. Los cascos y música para ir marcando el ritmo y no poder pensar. Solo andar y sentir. Pasa el tiempo. Agacho la cabeza, miro mis pies dando pasos, las piernas algo más cansadas que veinte minutos antes. Las calles están casi desiertas. El cielo amenaza lluvia. Y, de repente, ocurre. Comienzan a caer las primeras gotas de la primera lluvia de otoño. Suena Eye in the sky,The Alan Parsons Project. Y la lluvia me moja el pelo y la cara. Es un momento casi mágico: I´m the eye in the sky looking at you, I can read your mind..., la noche, el agua fresca, la sensación de espacio abierto...Ha merecido la pena evitar la tentación del sofá  y vivir uno de los mejores momentos del día, o de la noche.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Te deseo

 
Este poema es todo un baúl de deseos vitales. Circula por internet bajo la falsa autoría de Victor Hugo. Realmente es de un poeta brasileño, Sergio Jockymann. 

Desejo"os votos 

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así,
pero que si es, sepas ser sin desesperar.


Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces,
te cuestiones tus propias certezas.
Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible.
Y que en los momentos malos, cuando no quede nada más,esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil,

sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa,y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: "Esto es mío".
Solo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus afectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,tengas una buena mujer, y que siendo mujer,
tengas un buen hombre,

mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Reinar después de morir


En el siglo XVII, Vélez de Guevara escribió una comedia histórica, Reinar después de morir, basada en una de las historias de amor más bella de todos los tiempos, la del rey Pedro I de Portugal y su amada doña Inés de Castro. Si los americanos la conocieran tendría ya, con toda seguridad, unas cuantas versiones cinematográficas. Como dato, por ejemplo,  más de treinta óperas están basadas en este amor de leyenda.

 En nuestro periplo por Portugal, de camino a Lisboa, nos desviamos unos kilómetros (mis acompañantes dirían que más de unos cuantos, que bastantes (J) ),  para visitar en el monasterio de Alcobaça las tumbas de los amantes. Os resumo la historia:

Corre el siglo XIV en Castilla y nace Inés de Castro, hija de un noble castellano emparentando con la familia real. Su madre muere al poco de nacer y es enviada  para ser educada en el castillo de Peñafiel convirtiéndose en dama de compañía de Doña Constanza Manuel, hija del ilustre escritor e infante don Juan Manuel.

Doña Constanza se casó por poderes con el príncipe Pedro, hijo del rey portugués Alfonso IV. Cuando se traslada a Lisboa para comenzar su vida al lado del príncipe Pedro, escoge a las damas que le acompañarían y entre ellas destaca por su belleza Inés de Castro, convertida en gran amiga y cómplice fiel.

Pues ocurrió que el  príncipe Pedro se enamoró perdidamente de Inés, la dama de compañía de su esposa, y aquella le correspondió, manteniendo un amor furtivo y secreto. Aun así la reina le da una primera hija al príncipe y antes de nacer su segundo hijo descubre la relación de los amantes por lo que trama un ardid para separarlos. Pide al príncipe que sea el padrino de su propio hijo y a Inés que sea la madrina. Esto provocaba un vínculo canónico de parentesco entre los dos amantes que convertía el adulterio en incesto y no permitía que pudieran mantener relaciones. Pero el hijo muere a los pocos días de nacer con lo que el vínculo religioso se rompe entre los dos amantes y vuelven con más furia tras este tiempo separados. Enterado el rey Alfonso IV decide desterrar a Inés, que se marcha al castillo de Alburquerque en Castilla.

Al dar a luz a su tercer hijo, Constanza fallece en el parto. Muerta su esposa, Pedro e Inés no tienen ya obstáculo para su amor, escandaloso para la corte portuguesa. Pedro rescata a Inés de su exilio y se marchan a vivir al norte de Portugal, lejos de la corte, donde nacerán sus cuatro hijos. Calmadas las aguas, regresan a Coimbra, instalándose en la Quintas Das Lágrimas.
                                             Quinta Das Lágrimas, Coimbra

El príncipe viudo estaba deseoso de anunciar su romance con doña Inés de Castro, pero el rey Alfonso IV no lo consentía, temeroso de que los castellanos intentaran una intervención,  al ser doña Inés castellana, y de que los hijos de este amor adúltero pudieran intentar luchar algún día contra los derechos dinásticos de su nieto Fernando, hijo de Constanza y Pedro.
Parece ser que, don Pedro y doña Inés se casan en secreto, noticia que no agrada al rey, que ordenó la muerte de doña Inés a manos de tres sicarios
. Las crónicas cuentan que un día que el príncipe se encontraba de cacería, los tres asesinos se dirigieron a Coimbra y la apuñalaron delante de sus hijos.

El rey creyó que desaparecida Inés volvería la tranquilidad al reino, pero la reacción del príncipe fue la contraria enviando a sus tropas contra su propio padre y durante dos años hubo una lucha entre los dos bandos. La reina Beatriz, madre de Pedro, consigue que padre e hijo se reconcilien y el príncipe depone las armas y jura que olvidará el asesinato de su amada Inés y perdonará a sus asesinos, sin embargo, un año más tarde el viejo rey Alfonso se muere y avisa a los tres asesinos que se marchen pues tiene la intuición de que su hijo no va a cumplir lo jurado.

Se exilian a Castilla donde reina Pedro I el Cruel, y a los pocos días muere el rey Alfonso. Pedro sube al trono como Pedro I y lo primero que se propone es honrar la figura de su amada Inés. Entra en contacto con el rey castellano y le ofrece intercambiar algunos traidores castellanos refugiados en Portugal por los tres asesinos de Inés. Llegan a un acuerdo y consigue que vuelvan dos, mientras un tercero consigue huir a Francia.

El rey ordenó que se les torturase durante días y luego fueron trasladados a la plaza pública, donde al primero le arrancó el corazón por el pecho y al segundo por la espalda, mordiendo luego ambos corazones.

En 1360 las Cortes portuguesas reconocían el matrimonio entre Pedro I e Inés de Castro, aceptándola como reina. Era el momento de reparar su amor y en  el Monasterio de Alcobaça, ordenó esculpir un túmulo funerario para Inés. Cuando estuvo finalizado, desenterró el cadáver de Inés y lo trasladó desde Coimbra al monasterio. Una vez llegados a la corte, hizo vestir con galas el cadáver de Inés, que ya llevaba años muerta, la sentó en el trono y ordenó que todos los nobles desfilasen delante de ella como reina de Portugal, obligándoles a besar su mano como vasallos.

 Posteriormente depositó el cadáver de la reina en el sepulcro. Enfrente el rey dispuso otro sarcófago para él, y ordenó que ambos fueran colocados pies contra pies, para que el día del juicio final lo primero que los amantes puedan ver sea el rostro del otro.

Grabado en el sarcófago se lee un mensaje que el rey dejó para su amada:

“Hasta el fin del mundo”


 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Congreso Iberoamericano de las Lenguas


     Mi compañero Daniel y yo hemos pasado unos días en Salamanca para asistir al Congreso Iberoamericano de las Lenguas en la Educación, que se ha celebrado en esta ciudad del 5 al 7 de septiembre en el Palacio de Congresos y Exposiciones. La organización ha sido magnífica: mesas redondas, conferencias, comunicaciones orales y presentaciones de experiencias docentes, que han demostrado la inquietud de muchos profesionales por la lectura, la lengua, la literatura y la escritura. Llamaba la atención el alto número de profesores de países iberoamericanos y la motivación tremenda por aprender y enseñar. Ha sido un punto de encuentro de experiencias y de renovación de ilusiones, que siempre es necesario. 

     
                                     Los Príncipes en el acto de inauguración del Congreso
      Además , el hotel en plena Plaza Mayor de Salamanca, la ciudad a rebosar de congresistas, alumnos de la Universidad y salmantinos que comenzaban a celebrar las fiestas de la Virgen de la Vega, escuchar a Estrella Morente cantando Volver, los bares en las calles, un tiempo que acompañaba, la presencia en el aire de Unamuno y del Lazarillo, los turistas, la buena compañía y lo bonita y acogedora que es esta ciudad han hecho el resto.
 
                                                          Recital de Estrella Morente
 
      Unos días de trabajo, pero también de placer fluyendo por los cinco sentidos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Insatisfacción


      Si estoy de viaje quiero estar en mi casa. Si estoy en mi casa me gustaría estar dando una vuelta. Quiero tomar helados cuando como ahumados y dulces si me ofrecen helado. Si estoy en mi ciudad querría estar en Madrid o París y si estoy a las orillas del Sena me gustaría estar paseando por las orillas de mis playas. Si quedo con los amigos querría estar en el sofá y si estoy descansando en el sillón no estaría mal dar una vuelta. Si veo la televisión pienso que es mejor escuchar música y si escucho música pienso que lo mejor es leer un rato. Si trabajo me transporto con el pensamiento a una calle, si paseo estoy pensando en el trabajo que me queda por hacer. Si tomo pescado me imagino una buena carne delante y si como un buen chuletón estoy mirando de reojo la ensalada fresca del comensal de la derecha. Cuando estoy sola me gustaría estar acompañada y cuando la compañía me rodea deseo escapar a las manos de la soledad. Si me compro una falda creo que hubiese acertado más con el pantalón y si compro la chaqueta, seguro que me hubiera quedado mejor la blusa. Si decidí que mejor el zapato de tacón me quedo embobada con el calzado plano de la chica que acaba de pasar. Si el pelo me crece deseo cortarlo a lo garzón, cuando está cortado deseo que crezca a toda velocidad para dejar la melena suelta, que luego será recogida en una coleta para terminar pensando que la debería cortar de nuevo. Si elijo blanco quiero también negro y morado y rojo. Si bailo quiero cantar y si ando, correr. Si te miro, me gustaría estar mirando a otros y cuando los observo estoy echando de menos tus pestañas.
       No entiendo cómo la tristeza me deja reír y desconozco por qué en los momentos tristes siempre hay sitio para una sonrisa en mi cara. Adoro la marcha, la alegría, la locura y lo irracional y a la misma vez me hacen feliz  la ternura, la madurez de la tristeza, la cordura y cierto orden.
       Quisiera entenderme. No sé si es la eterna insatisfacción que me persigue o la necesidad de tener más vidas para poder cubrir todas las proyecciones vitales que anidan en mí.