jueves, 15 de noviembre de 2012

Confesiones III


Tras un paréntesis de setenta y dos horas, recibo un correo electrónico de Amaranta.  En el encabezamiento ya me espeta que cómo he tenido el valor de escribir su historia en el blog,  le avergüenza y se ríe pensando que para una vez que la nombro saco a la luz sus miserias. ¡Vaya bautizo e-literario! Llevas razón, amiga mía, pero necesito escribir, a modo de catarsis  personal, sobre todos estos tsunamis sentimentales que os intentan ahogar. Me vais sepultando bajo vuestros problemas y aunque posteriormente intento expulsarlos, se van quedando como posos de café en mi ánimo. Además, que más te da si has entrado en este mundo de ficción con un nombre falso y maravilloso.

Desconoce lo que opinará Raúl, pero en el fondo está encantada con la idea de poder leer sobre lo que él me comenta y siente. Es una ventaja para vosotros, pero el filo del cuchillo del daño está rozando, así que prometo revelar aquellos pensamientos y opiniones que sumen y olvidar los que resten. Ya os estáis robando caricias, miradas, sonrisas, y todo un lenguaje no verbal que comenzáis a no recordar. Estáis restando demasiado.

Amaranta tiene los nervios como púas, la cabeza ausente y la sensación de que empieza a rodar por una pendiente. En estos momentos no es capaz de pensar con claridad, ni de percatarse de que lo importante no es entrar en la pendiente, sino ser capaz de descubrir la longitud  de esta,  la velocidad en la caída  (aprendes mejor el concepto  constante de las clases de Física) y el tiempo que tardarás en alcanzar el final. Sin embargo, ha centrado su obsesión en la amante y en la idea ancestral de que ellas son las divertidas, sexys, sorprendentes,  la fruta prohibida. Lo prohibido motiva muchísimo; si a esto le unes la novedad y la parafernalia romántica hilada por la literatura y el cine, pues se siente en desventaja.

Completamente de acuerdo contigo. Podría “filosofearte” sobre que tú eres el ancla a la realidad, eres todavía parte de su proyecto de vida, proyecto común, real, tangible. Nada de nada, querida, cada día que pasa eres más un borrador.

Consejo: aunque suene a tópico, mañana haz una parada en una exquisita lencería. ¡Ataca!

No hay comentarios: