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domingo, 2 de marzo de 2014

Certaldo


La pasada semana publicaba Mario Vargas Llosa un artículo en el diario El País sobre Boccaccio y su pueblo natal, Certaldo. Ha sido uno de los lugares visitados este verano en la Toscana y entiendo perfectamente la emoción del Vargas Llosa al pasear por las callejuelas de Certaldo. Acompaño el artículo con fotos realizadas durante la visita  para que os hagáis una idea.
El pueblecito toscano de Certaldo conserva sus murallas medievales, pero la casa donde hace siete siglos nació Giovanni Boccaccio fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Ha sido reconstruida con esmero y desde su elevada terraza se divisa un paisaje de suaves colinas con olivares, cipreses y pinos que remata, en una cumbre lejana, con las danzarinas torres de San Gimignano.
Lo único que queda del ilustre polígrafo es una zapatilla de madera y piel carcomida por el tiempo; apareció enterrada en un muro y acaso no la calzó él sino su padre o alguno de los sirvientes de la casa. Hay una biblioteca donde se amontonan los centenares de traducciones del Decamerón a todas las lenguas del mundo y vitrinas repletas con los estudios que se le dedican. El pueblecito es una joya de viviendas de ladrillos, tejas y vigas centenarias, pero minúsculo, y uno se pregunta cómo se las arregló el señor Boccaccio papá para, en lugar tan pequeño, convertirse en un mercader tan próspero. Giovanni era hijo natural, reconocido más tarde por su progenitor y se ignora quién fue su madre, una mujer sin duda muy humilde. De Certaldo salió el joven Giovanni a Nápoles, a estudiar banca y derecho, para incrementar el negocio familiar, pero allí descubrió que su vocación eran las letras y se dedicó a ellas con pasión y furia erudita. Eso hubiera sido sin la peste negra que devastó Florencia en 1348: un intelectual de la elite, amante de los clásicos, latinista, helenista, enciclopédico y teólogo.
Tenía unos 35 años cuando las ratas que traían el virus desde los barcos que acarreaban especias del Oriente, llegaron a Florencia e infectaron la ciudad con la pestilencia que exterminó a 40.000 florentinos, la tercera parte de sus habitantes. La experiencia de la peste alejó a Boccaccio de los infolios conventuales, de la teología y los clásicos griegos y latinos (volvería años más tarde a todo ello) y lo acercó al pueblo llano, a las tabernas y a los dormideros de mendigos, a los dichos de la chusma, a su verba deslenguada y a la lujuria y bellaquerías exacerbadas por la sensación de cataclismo, de fin del mundo, que la epidemia desencadenó en todos los sectores, de la nobleza al populacho. Gracias a esta inmersión en el mundanal ruido y la canalla con la que compartió aquellos meses de horror, pudo escribir el Decamerón, inventar la prosa narrativa italiana e inaugurar la riquísima tradición del cuento en Occidente, que prolongarían Chaucer, Rabelais, Poe, Chéjov, Conrad, Maupassant, Chesterton, Kipling, Borges y tantos otros hasta nuestros días.
Gracias a esos relatos irreverentes y geniales se convirtió en un escritor inmensamente popular.
No se sabe dónde escribió Boccaccio el centenar de historias del Decamerón entre 1348 y 1351 —bien pudo ser aquí, en su casa de Certaldo, donde vendría a refugiarse cuando las cosas le iban mal—, pero sí sabemos que, gracias a esos cuentos licenciosos, irreverentes y geniales, dejó de ser un intelectual de biblioteca y se convirtió en un escritor inmensamente popular. La primera edición del libro salió en Venecia, en 1492. Hasta entonces se leyó en copias manuscritas que se reprodujeron por millares. Esa multiplicación debió de ser una de las razones por las que desistió de intentar quemarlas cuando, en su cincuentena, por un recrudecimiento de su religiosidad y la influencia de un fraile cartujo, se arrepintió de haberlo escrito debido al desenfado sexual y los ataques feroces contra el clero que contiene el Decamerón.Su amigo Petrarca, gran poeta que veía con desdén la prosa plebeya de aquellos relatos, también le aconsejó que no lo hiciera. En todo caso, era tarde para dar marcha atrás; esos cuentos se leían, se contaban y se imitaban ya por media Europa. Siete siglos más tarde, se siguen leyendo con el impagable placer que deparan las obras maestras absolutas.
En la veintena de casitas que forman el Certaldo histórico —un palacio entre ellas— hay una pequeña trattoria que ofrece, todas las primaveras, “El suntuoso banquete medieval de Boccaccio”, pero, como es invierno, debo contentarme con la modesta ribollita toscana, una sopa de migas y verdura, y un vinito de la región que rastrilla el paladar. En los carteles que cuelgan de las paredes de su casa natal, uno de ellos recuerda que, en la década de 1350 a 1360, entre los mandados diplomáticos y administrativos que Boccaccio hizo para la Señoría florentina, figuró el que debió conmoverlo más: llevar de regalo diez florines de oro a la hija de Dante Alighieri, Sor Beatrice, monja de clausura en el monasterio de Santo Stefano degli Ulivi, en Rávena.
Descubrió a Dante en Nápoles, de joven, y desde entonces le profesó una admiración sin reservas por el resto de la vida. En la magnífica exposición que se exhibe en estos días en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia —Boccaccio: autore e copista—, hay manuscritos suyos, de caligrafía pequeñita y pareja, copiando textos clásicos o reescribiendo en 1370, de principio a fin, veinte años después de haberlas escrito, las mil y pico de páginas del Decamerón que poco antes había querido destruir (era un hombre contradictorio, como buen escritor). Allí se ve a qué extremos llegó su pasión dantesca: copió tres veces en su vida la Comedia y una vez la Vita Nuova, para difundir su lectura, además de escribir la primera biografía del gran poeta y, por encargo de la Señoría, dictar 59 charlas en la iglesia de Santo Stefano di Badia explicando al gran público la riqueza literaria, filosófica y teológica del poema al que, gracias a él, comenzó a llamarse desde entonces “divino”.
En Certaldo se construyó hace años un jardín que quería imitar aquel en el que las siete muchachas y los tres jovencitos del Decamerón se refugian a contarse cuentos. Pero el verdadero jardín está en San Domenico, una aldea en las colinas que trepan a Fiesole, en una casa, Villa Palmieri,que todavía existe. De ese enorme terreno se ha segregado la Villa Schifanoia, donde ahora funciona el Instituto Universitario Europeo. Aquí vivió en el siglo XIX el gran Alejandro Dumas, que ha dejado una preciosa descripción del lugar. Nada queda, por cierto, de los jardines míticos, con lagos y arroyos murmurantes, cervatillos, liebres, conejos, garzas, y del soberbio palacio donde los diez jóvenes se contaban los picantes relatos que tanto los hacían gozar, descritos (o más bien inventados) por Boccaccio, pero el lugar tiene siempre mucho encanto, con sus parques con estatuas devoradas por la hiedra y sus laberintos dieciochescos, así como la soberbia visión que se tiene aquí de toda Florencia. De regreso a la ciudad vale la pena hacer un desvío a la diminuta aldea medieval de Corbignano, donde todavía sobrevive una de las casas que habitó Boccaccio y en la que, al parecer, escribió el Ninfale fiesolano; en todo caso, muy cerca de ese pueblecito están los dos riachuelos en que se convierten Africo y Mensola, sus personajes centrales.
Todo este recorrido tras sus huellas es muy bello pero nada me emocionó tanto como seguir los pasos de Boccaccio en Certaldo y recordar que, en este reconstruido local, pasó la última etapa de su vida, pobre, aislado, asistido sólo por su vieja criada Bruna y muy enfermo con la hidropesía que lo había monstruosamente hinchado al extremo de no poder moverse. Me llena de tristeza y de admiración imaginar esos últimos meses de su vida, inmovilizado por la obesidad, dedicando sus días y noches a revisar la traducción de la Odisea —Homero fue otro de sus venerados modelos— al latín hecha por su amigo el monje Leoncio Pilato.
Murió aquí, en 1375, y lo enterraron en la iglesita vecina de los Santos Jacobo y Felipe, que se conserva casi intacta. Como en el Certaldo histórico no hay florerías, me robé una hoja de laurel del pequeño altar y la deposité en su tumba, donde deben quedar nada más que algunos polvillos del que fue, y le hice el más rápido homenaje que me vino a la boca: “Gracias, maestro”.


viernes, 19 de octubre de 2012

Vivir en los pronombres


       Después de mi entrada de ayer, Arbaro me comenta que vaya la que me ha dado con tantos "yos" . Y recuerdo que  otros ya escribieron dando vida a los pronombres. En  el siguiente poema, el maestro Pedro Salinas, viviendo en los pronombres.







Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!




Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.

Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».


Pedro Salinas, 1933

sábado, 15 de septiembre de 2012

Reinar después de morir


En el siglo XVII, Vélez de Guevara escribió una comedia histórica, Reinar después de morir, basada en una de las historias de amor más bella de todos los tiempos, la del rey Pedro I de Portugal y su amada doña Inés de Castro. Si los americanos la conocieran tendría ya, con toda seguridad, unas cuantas versiones cinematográficas. Como dato, por ejemplo,  más de treinta óperas están basadas en este amor de leyenda.

 En nuestro periplo por Portugal, de camino a Lisboa, nos desviamos unos kilómetros (mis acompañantes dirían que más de unos cuantos, que bastantes (J) ),  para visitar en el monasterio de Alcobaça las tumbas de los amantes. Os resumo la historia:

Corre el siglo XIV en Castilla y nace Inés de Castro, hija de un noble castellano emparentando con la familia real. Su madre muere al poco de nacer y es enviada  para ser educada en el castillo de Peñafiel convirtiéndose en dama de compañía de Doña Constanza Manuel, hija del ilustre escritor e infante don Juan Manuel.

Doña Constanza se casó por poderes con el príncipe Pedro, hijo del rey portugués Alfonso IV. Cuando se traslada a Lisboa para comenzar su vida al lado del príncipe Pedro, escoge a las damas que le acompañarían y entre ellas destaca por su belleza Inés de Castro, convertida en gran amiga y cómplice fiel.

Pues ocurrió que el  príncipe Pedro se enamoró perdidamente de Inés, la dama de compañía de su esposa, y aquella le correspondió, manteniendo un amor furtivo y secreto. Aun así la reina le da una primera hija al príncipe y antes de nacer su segundo hijo descubre la relación de los amantes por lo que trama un ardid para separarlos. Pide al príncipe que sea el padrino de su propio hijo y a Inés que sea la madrina. Esto provocaba un vínculo canónico de parentesco entre los dos amantes que convertía el adulterio en incesto y no permitía que pudieran mantener relaciones. Pero el hijo muere a los pocos días de nacer con lo que el vínculo religioso se rompe entre los dos amantes y vuelven con más furia tras este tiempo separados. Enterado el rey Alfonso IV decide desterrar a Inés, que se marcha al castillo de Alburquerque en Castilla.

Al dar a luz a su tercer hijo, Constanza fallece en el parto. Muerta su esposa, Pedro e Inés no tienen ya obstáculo para su amor, escandaloso para la corte portuguesa. Pedro rescata a Inés de su exilio y se marchan a vivir al norte de Portugal, lejos de la corte, donde nacerán sus cuatro hijos. Calmadas las aguas, regresan a Coimbra, instalándose en la Quintas Das Lágrimas.
                                             Quinta Das Lágrimas, Coimbra

El príncipe viudo estaba deseoso de anunciar su romance con doña Inés de Castro, pero el rey Alfonso IV no lo consentía, temeroso de que los castellanos intentaran una intervención,  al ser doña Inés castellana, y de que los hijos de este amor adúltero pudieran intentar luchar algún día contra los derechos dinásticos de su nieto Fernando, hijo de Constanza y Pedro.
Parece ser que, don Pedro y doña Inés se casan en secreto, noticia que no agrada al rey, que ordenó la muerte de doña Inés a manos de tres sicarios
. Las crónicas cuentan que un día que el príncipe se encontraba de cacería, los tres asesinos se dirigieron a Coimbra y la apuñalaron delante de sus hijos.

El rey creyó que desaparecida Inés volvería la tranquilidad al reino, pero la reacción del príncipe fue la contraria enviando a sus tropas contra su propio padre y durante dos años hubo una lucha entre los dos bandos. La reina Beatriz, madre de Pedro, consigue que padre e hijo se reconcilien y el príncipe depone las armas y jura que olvidará el asesinato de su amada Inés y perdonará a sus asesinos, sin embargo, un año más tarde el viejo rey Alfonso se muere y avisa a los tres asesinos que se marchen pues tiene la intuición de que su hijo no va a cumplir lo jurado.

Se exilian a Castilla donde reina Pedro I el Cruel, y a los pocos días muere el rey Alfonso. Pedro sube al trono como Pedro I y lo primero que se propone es honrar la figura de su amada Inés. Entra en contacto con el rey castellano y le ofrece intercambiar algunos traidores castellanos refugiados en Portugal por los tres asesinos de Inés. Llegan a un acuerdo y consigue que vuelvan dos, mientras un tercero consigue huir a Francia.

El rey ordenó que se les torturase durante días y luego fueron trasladados a la plaza pública, donde al primero le arrancó el corazón por el pecho y al segundo por la espalda, mordiendo luego ambos corazones.

En 1360 las Cortes portuguesas reconocían el matrimonio entre Pedro I e Inés de Castro, aceptándola como reina. Era el momento de reparar su amor y en  el Monasterio de Alcobaça, ordenó esculpir un túmulo funerario para Inés. Cuando estuvo finalizado, desenterró el cadáver de Inés y lo trasladó desde Coimbra al monasterio. Una vez llegados a la corte, hizo vestir con galas el cadáver de Inés, que ya llevaba años muerta, la sentó en el trono y ordenó que todos los nobles desfilasen delante de ella como reina de Portugal, obligándoles a besar su mano como vasallos.

 Posteriormente depositó el cadáver de la reina en el sepulcro. Enfrente el rey dispuso otro sarcófago para él, y ordenó que ambos fueran colocados pies contra pies, para que el día del juicio final lo primero que los amantes puedan ver sea el rostro del otro.

Grabado en el sarcófago se lee un mensaje que el rey dejó para su amada:

“Hasta el fin del mundo”


 

martes, 28 de agosto de 2012

Oporto


      He pasado unos días en Portugal y el primer destino ha sido Oporto. Esta ciudad norteña a orillas del río Duero no puede dejarte indiferente. Sus edificios de piedra y azulejos algo desgastados  y cierto aire decadente pueden llamar la atención en un primer vistazo, pero si eres capaz de mirarla con otros ojos y perderte por sus calles, sus gentes y la vida de cara al río, te atrapará, sin ninguna duda. Es una ciudad bella en todos los sentidos,con pinceladas inglesas y mucha luz, gran ambiente, mucha vida  y el Duero muriendo y separando Oporto de su otra orilla donde se encuentran las grandes bodegas.
    Un placer de los dioses una copa de oporto cenando bacalao mientras contemplas las vistas que te ofrece la zona baixa en la ribera del río.
 
 
Vista diurna de Oporto
 
Vista nocturna de Oporto
 
 
 
 
 

domingo, 17 de junio de 2012

Si mi voz muriera en tierra



Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!


Rafael Alberti, 1924






martes, 10 de abril de 2012

Ifigenia

Hoy he acompañado a mis alumnos de 1º de bachillerato a la Jornada de Teatro Grecolatino que se ha celebrado en el Teatro Pedro Muñoz Seca. Hemos podido disfrutar de una comedia de Plauto, Epídico, y  una tragedia de Eurípides sobre  Ifigenia, un personaje femenino a la que le espera un aciago destino y que plantea sobre las tablas las dudas de hombres y mujeres.

Para los que no conozcáis la trama, todo comienza en Áulide, el puerto donde se reúnen los ejércitos griegos, capitaneados por Agamenón, que están dispuestos a zarpar hacia Troya para vengar el rapto de Helena, casada con el hermano de Agamenón. Sin embargo,  las naves no podían zarpar por la falta de viento ( si Eurípides hubiese localizado esta historia en Cádiz, otro gallo hubiese cantado ¡ ay , ese levante!) y deciden consultar al adivino, Calcante, que anuncia que para que hubiese viento Agamenón debe ofrecer a su hija Ifigenia en sacrificio a la diosa Ártemis ( enfadada con Agamenón por un acto de soberbia de este).

Agamenón envía mensajeros a Micenas para que su hija Ifigenia viajara hasta Áulide con su madre Clitemnestra haciéndoles creer que iba a casarse con Aquiles, el mejor de los guerreros griegos. Cuando llegan, el padre se arrepiente, pero la presión de los guerreros griegos le obliga a seguir con su plan. El propio Aquiles, enterado de la verdad, intenta inútilmente evitar el sacrificio. Ifigenia suplica piedad a su padre, para después aceptar su destino y así permitir que los griegos zarpen y puedan vengar la ofensa de los troyanos.

                                            Momento del sacrificio de Ifigenia. Charles de la Fosse



martes, 17 de enero de 2012

¡Va toro!

Si tuviera que elegir entre todos los momentos vividos durante el año que ha terminado, sin duda, uno de ellos sería una experiencia de una belleza aterradora.

Nos invitaron, a Arbaro y a mí, a un reconocimiento de una corrida que se iba a celebrar en agosto. Ganadería de Fermín Bohórquez. Nunca había asistido y si llego a tener solo una remota idea de qué era aquello, otro gallo hubiera cantado.

Allí que nos presentamos en la plaza de toros a la hora acordada y tras esperar unos minutos, la presidenta de la plaza, junto al presidente, el mayoral de la ganadería, el veterinario y un par de personas más, nos invitan a pasar a un chiquero de unos cuarenta metros cuadrados y nos ubican en un pequeño pasillo, nuestra espalda pegada a la pared y delante de nuestro cuerpo, a unos veinte centímetros, un burladero chapado. En este instante ya comencé a preguntarme qué demonios hacía yo allí, pero vista la tranquilidad del personal asistente, me concentré en hacer bien mi tarea que consistía en valorar a los animales cuando los tuviera delante. ¡Y vaya si los tuve!

Cuando la presidenta dio la orden para que bajase el primero de la corrida, y escuché el grito de “ ¡va toro!” quise volatizarme en ese mismo instante.¡Dios mío! Un bicharraco de 560 kilos que no tuvo otra mejor presentación que venir a derrotar (pegar una cornada) en la chapa tras la que yo me encontraba. No os podéis imaginar lo grande que se ve y se siente un toro a cincuenta centímetros de distancia. Cada ojo era como un puño de los míos (he de reconocer que eran magníficos), con unas pestañas enormes y el pelo, terciopelo azabache. Los segundos se hacen horas. El animal, quieto, parado, inmenso en su elegancia, mirando directamente y yo sintiéndome pequeñísima e indefensa ante una cornamenta a medio metro de distancia. Así fueron pasando todos, el segundo de 550 kilos, el tercero de 575, el cuarto de 580, ¿no hay toros más pequeños, por favor?

A estas alturas, el presidente de la plaza nos señala una zona del burladero cuya chapa está dañada porque en el reconocimiento de la semana anterior un toro había introducido un asta por un hueco hasta casi ensartar a uno de los que asistían al reconocimiento. ¿Y ahora me dice esto? Si lo llega a decir cinco minutos antes de entrar, ¡ni de broma! ¡Y ya no me dejan salir! Entendí perfectamente a los claustrofóbicos.

Y ahí que llega el quinto con 580 kilos, un cabezón tremendo y yo solo sé decir “ visto” para que se marche pronto y entre ya el último, ¡ con sus 590 kilos! Ya queda poco, y “mira qué trasera” y “ qué cornamenta” y “ este es abrochao” y “ es largo” …, y yo que no veía nada de eso, solo me fijaba en esos ojazos, carbones fijos que me miraban y tenían la querencia de venirse delante de mi cara. ¡Uf! Ya hemos terminado, puedo respirar. La respiración se me cortó a los diez segundos. “Va toro”, ¿otro? Los sobreros, se me habían olvidado los sobreros…, uno de 605 y el otro de 615 kilos respectivamente. Y yo solo podía decir “visto”, “visto”… ,¡y bien que los vi!

La experiencia duró unos cuarenta minutos, sin embargo, dos horas más tarde todavía seguía temblando. Me reafirmó en mi idea de que es uno de los animales más bellos del mundo, sobre todo, en libertad. También me reafirmé en la idea de que ¡quién me manda a mí  meterme en estos berenjenales! No aprendo.

domingo, 15 de enero de 2012

El Retiro

       Hoy he visto en El Retiro los primeros cogollos de hojas tiernas, recién brotados en las ramas de los  castaños, que tienen todavía una abstracta desnudez invernal...
                                                        Antonio Muñoz Molina. La huerta del Edén.



                                                    Siempre es un lujo una escapada a Madrid.
                                                                                  28 de diciembre de 2011

jueves, 25 de agosto de 2011

Brindis

He disfrutado la última semana de bellos paisajes, manjares y compañía. Destino: Asturias y Cantabria. Rodeada de montañas, prados de color esmeralda , el contraste con el mar y las risas, arribamos a un lugar perdido en Asturias a unos kilómetros de Villaviciosa. La acogida en la casa por parte de sus dueños fue amabilísima. Al despedirnos, tras una estancia fantástica, nos entregaron como recuerdo un par de libros ( mejor regalo no podían hacernos).
Uno de ellos es un poemario que recoge los versos de poetas asturianos. Su título Versos diversos. Contiene algunos poemas bellísimos y aquí he querido dejar uno de ellos como recuerdo de un viaje con olor a sidra.

Bebe y confía
en los amigos. Ofrécele a la copa
ambos labios y estalle el vino.
Pero aprende a separar la cosecha
mala de aquella de buen año. Sólo eso
no ha de dejarte en la boca
un poso amargo, y en el corazón.
Taresa Lorences

( Alejados del mundanal ruido. Villaviciosa)


viernes, 5 de agosto de 2011

Pies


(La Mangueta. Arbaro. 2009)

Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.
Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura
de tus pezones,
la caja de tus ojos
que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.

Pablo Neruda

jueves, 21 de julio de 2011

Ya no será

Ya no será,
ya no,
no viviremos juntos,
no criaré a tu hijo,
no coseré tu ropa,
no te tendré de noche,
no te besaré al irme,
nunca sabrás quién fui,
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo, nunca,
ni si era de verdad
lo que dijiste que era,
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos,
querernos,
esperarnos,
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro,
no sabré dónde vives,
con quién,
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.

No te veré morir.

Idea Vilariño

jueves, 23 de junio de 2011

A la quema



Noche de San Juan.
Noche mágica para pedir deseos y quemar lo negativo.
Siempre he pedido deseos, pero esta noche voy a quemar una rama de romero que tengo plantado en el jardín y me voy a pasear por mi casa para darle energía positiva y que salga la negativa. Luego voy a escribir en un papel esa mala historia, algunos nombres para que salgan de mi vida, el de la mala leche para que se vuelva azucarada, la rabia de la que no comprende y se erige como jueza de otros para que vaya barriendo para adentro y el de algún jefe para que sonría.

Y ya paro de escribir, que me quedan diez minutos para que llegue la hora de las brujas y tengo que preparar el tinglado. Aquí dos fotos de hace cinco años, en una noche como esta en las playas del Puerto de la Cruz en Tenerife. Allí celebran esta noche con grandes hogueras y fuegos artificiales. Fue una noche mágica, de las de verdad, envuelta por sonidos de timbales y tambores, a mil kilómetros de distancia, unida por nueve dígitos de un teléfono y el océano que unía dos orillas.

miércoles, 27 de abril de 2011

El hijo que no tengo

A los hijos que nunca tuve...

El hijo que no tengo entra en mi cuarto
saltando entre montones de libros por el suelo
y me pide: "Papá, juega conmigo";
y yo no sé qué hacer porque es difícil
negarle nada a un niño que no existe.

Lo malo es que a su madre le enfada que me ensucie
la ropa de ternura.
—que luego hay que lavarla.

Pero a escondidas, él y yo,
con ceras de colores, dibujamos
una ciudad perfecta
o hacemos un volcán con arena de playa,
un volcán de verdad, con fuego y todo.

Y viene a ser lo mismo que otro padre
jugando con su hijo: una emoción muy honda
y un fondo de tristeza.
A ese otro hombre
le duele recordar que con el tiempo
su hijo acabará marchándose;
a mí saber que siempre
habrás de estar conmigo.


Enrique García-Maiquez

miércoles, 20 de abril de 2011

Amargura

La lluvia bendita que deseamos que descargue del cielo para empapar nuestros campos está haciendo de las suyas esta Semana Santa. Las Hermandades, con dolor de cervicales de tanto dirigir sus ojos al cielo y rezar para que no caigan esos cántaros temidos que las obligan a no procesionar después de un año de espera. Algunas ya se han quedado en su Casa.

Ayer, después de una mañana de perros, los hados concedieron una tregua y en nuestra ciudad pudieron hacer su estación de penitencia las dos hermandades que procesionan este día.


Mereció la pena.


Calle La Palma, doce de la noche, poquita luz, la banda de Rota ( impresionante) entona los primeros compases de Amargura. Mi hija y yo nos hacemos un hueco detrás de la banda y acompañamos al palio de la Virgen durante unos minutos para disfrutar del momento. Y ese agua que no caía del cielo inunda, un breve instante, mis ojos. Y te recuerdo, pequeñita, sólo con unos meses, entre mis brazos, cuando no querías dormir y te entonaba esos mismos compases de Amargura. Hoy apoyo mi brazo en tu hombro y me acompañas bajo la misma música, siguiendo el tiempo con nuestros pasos...



viernes, 4 de marzo de 2011

La condena

Hoy, un poema de un paisano, Felipe Benítez Ruiz- Mateos, que describe a la perfección el sentimiento contradictorio que domina los deseos del ser humano y que, irremediablemente, es nuestra condena: el ansia de poseer lo que pertenece a otro.


El que posee el oro añora el barro.
El de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.
Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.
Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es un desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras que lo cifren
halla sólo palabras.
Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.

Nuestros tesoros son tesoros falsos.
Y somos los ladrones de tesoros.

jueves, 24 de febrero de 2011

La saeta

Explicar a los alumnos la Generación del 98 sin detenerse en Antonio Machado es una aberración. Así que las nuevas tecnologías me han permitido leer en clase algunos de sus poemas más significativos, aunque el tiempo apremie para cumplir con todo el temario antes de junio. Le dediqué una hora a Machado ( que se merece un monográfico de un mes). En estas estábamos cuando decidí que "La saeta" era mejor escucharla que leerla: letra de Machado, música de Serrat y la voz de Camarón. ¡Qué más se puede pedir!
El experimento, aparte de emocionarme, me cértificó el salto generacional... Muchos no sabían quién era ese tal Camarón. Pues ya lo conocen y espero que no lo olviden.
Ni a Machado tampoco, que era el objetivo.



miércoles, 23 de febrero de 2011

Te cuento

Este artículo fue publicado en el Diario de Cádiz el 30 de julio del 2006. Su autor es Enrique Montiel.

Entonces me pareció hermoso.

Hoy…profético

Vino con la cámara digital a enseñarme la foto de él. Ambos sonreían delante de una jarra de cerveza sobre un mantel de cuadros rojos y blancos.
La vida que da muchas vueltas, dijo. Y ya ha venido dos veces a verme. Y yo otras dos a verlo a él. Mi madre es la que se preocupa por si me doy un chocazo contra la pared, es una mujer tradicional, de las que se casaron para toda la vida, y ahí sigue, casada para toda la vida. Una madre, lo que se dice una madre. Pero te advierto que yo también era así, me casé para toda la vida, fue él el que se marchó. Siendo yo y siendo la madre de sus hijos, nuestros. Dos años me ha costado recuperarme del palo, pero ya sé que la vida me va a deparar muchas sorpresas, estoy segura de ello.

Sonríe en la imagen que veo en el visor de la máquina digital, muy junta a él, cuyo nombre no me dice, sólo que él la ve guapa, guapa. Me lo dice continuamente, qué guapa eres, qué guapa eres. También me dice que saltaron chispas. Yo es que no salgo de mi asombro, con lo fea que me he llegado a ver durante ese tiempo, en que me sentí la mujer más desgraciada del mundo, más fea que nunca. Mira que me miro, y que me digo, pues puede que sea verdad, que esté guapa, que nunca haya sido fea, siempre fue mentira.

Antes caminaba más despacio, ahora se la ve más celera, activa, viva. Es el amor, porque empiezo a pensar que estoy enamorada de verdad, como nunca, pero sobre todo abierta de ventanas y puertas. Mi casa que es mi cuerpo y mi alma se sientes libres, ligeras. Si este no es el amor para toda la vida que siempre quise que fuera el amor mío, otro será el amor para toda la vida, y ya ha nacido, por algún lugar camina y sin duda que también habrá empezado el duro aprendizaje del sufrir, del soñar pesadillas y del vivir angustias.

Puede que sea este hombre que sonríe a tu lado, en la imagen digital de tu cámara, le digo. Sonríe con gran ternura. Por lo pronto me dices que te ve guapa, guapa, guapa y que ya saltaron chispas, para empezar no es poco. Es mucho, añade. Yo nunca creí que volvería a ver fuegos artificiales, ni a verme en el espejo de unos ojos enamorados. Otros ojos como los míos que mucho tiempo estuvieron secos de no poder más lágrimas. Porque también él fue abandonado, y vivió solo esa soledad desgarradora que vivimos los abandonados, dejados caer en un rincón, arrumbados en oscuridad y telarañas. Somos resucitados de entre los muertos.

Del amor, he añadido. Del amor, ha asentido. Los muertos sepultados en el desamor, la soledad y la distancia de por medio. Cuando no fuimos hechos para la muerte, para esta muerte lenta y recalcitrante de un abandono. Estamos uniendo nuestras soledades, y estamos bien, tenemos esperanzas. ¿Tú cómo me ves?

jueves, 16 de diciembre de 2010

Lo que dejé por ti

HOY 16 DE DICIEMBRE ES EL ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL POETA RAFAEL ALBERTI: UN POETA, UNA CIUDAD Y UN POEMA.










LO QUE DEJÉ POR TI
Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.







sábado, 30 de octubre de 2010

Los versos de Miguel Hernández inundan la red

"Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, poeta al que hemos ido recordando en Internet con numerosas actividades.Siguiendo la propuesta de otros blogueros literarios hagamos que la red se inunde con sus versos."

No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro,
en lo oscuro insiste el otro,
porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido,
el amor pálido y solo.

Cansado de odiar, te amo,
cansado de amar, te odio.

Os dejo el vídeo que he preparado para el Homenaje en nuestro centro.

viernes, 13 de agosto de 2010