martes, 10 de abril de 2012

Ifigenia

Hoy he acompañado a mis alumnos de 1º de bachillerato a la Jornada de Teatro Grecolatino que se ha celebrado en el Teatro Pedro Muñoz Seca. Hemos podido disfrutar de una comedia de Plauto, Epídico, y  una tragedia de Eurípides sobre  Ifigenia, un personaje femenino a la que le espera un aciago destino y que plantea sobre las tablas las dudas de hombres y mujeres.

Para los que no conozcáis la trama, todo comienza en Áulide, el puerto donde se reúnen los ejércitos griegos, capitaneados por Agamenón, que están dispuestos a zarpar hacia Troya para vengar el rapto de Helena, casada con el hermano de Agamenón. Sin embargo,  las naves no podían zarpar por la falta de viento ( si Eurípides hubiese localizado esta historia en Cádiz, otro gallo hubiese cantado ¡ ay , ese levante!) y deciden consultar al adivino, Calcante, que anuncia que para que hubiese viento Agamenón debe ofrecer a su hija Ifigenia en sacrificio a la diosa Ártemis ( enfadada con Agamenón por un acto de soberbia de este).

Agamenón envía mensajeros a Micenas para que su hija Ifigenia viajara hasta Áulide con su madre Clitemnestra haciéndoles creer que iba a casarse con Aquiles, el mejor de los guerreros griegos. Cuando llegan, el padre se arrepiente, pero la presión de los guerreros griegos le obliga a seguir con su plan. El propio Aquiles, enterado de la verdad, intenta inútilmente evitar el sacrificio. Ifigenia suplica piedad a su padre, para después aceptar su destino y así permitir que los griegos zarpen y puedan vengar la ofensa de los troyanos.

                                            Momento del sacrificio de Ifigenia. Charles de la Fosse



lunes, 9 de abril de 2012

miércoles, 4 de abril de 2012

Si pienso en cómo he malgastado mi tiempo...



El  día 21 de marzo se celebró el Día mundial de la poesía. Este es el poema que elegí para trabajar con mis alumnos en clase. Es de Ana Rossetti, poetisa nacida en San Fernando. El título, Se penso a come ho speso male il mio tempo...,  está inspirado en la canción La estación de los amores de F. Battiato.
¿Quién ha dicho que las mujeres no podemos ser románticas?...
Le envié mensajeros

con gardenias, bombones

y libros de poemas; telegramas

diciéndole: te quiero,

y todos los domingos, cuando se despertaba,

hice sonar su disco favorito.

Yo creí muy romántico ocultar mi remite,

y que el desinterés una fórmula fuera

de amar refinadísima

–y quizá, dado el caso, la única posible–.

¡Qué pérdida de tiempo!

Alguien con él comparte

mis ramos, mis pasteles y mis rimas,

y no me extrañaría –puesto que son anónimos–

que encima se jactara de elegir mis envíos

y pagarlos.

Ahora cada domingo,

me sé de sobra cuando se despiertan

y no pongo la música.

Bajo a la portería, pulso el timbre

y no paro hasta que los interrumpo.



El enlace al vídeo de Battiato cantando la canción en italiano:





sábado, 31 de marzo de 2012

Vuelvo


No han transcurrido los veinte años del famoso bolero, pero vuelvo. Nada de energías renovadas, no ha habido descanso físico ni mental. Vuelvo tras la dura y estéril sequía que deja una pérdida infinita. Vuelvo tras comprobar que el corazón sigue latiendo, que amanece todos los días, que el levante ha regresado al comienzo de la primavera, que la lluvia que cae me permite oler a tierra en mi jardín, que el bullicio se acrecienta en tardes a las que la luz les ha regalado el don de más minutos de vida, que mis ojos siguen retratando imágenes, mis manos acariciando y mi boca besando el bendito cabello de mi hija. Vuelvo siendo consciente de una verdad increíble para un alma sin alma, que la vida vive a tu alrededor, se suceden los minutos, las horas y, ahí está, un día más. La vida a mi alrededor y la muerte también. Que se disputen mis pensamientos entre ellas.

Mientras tanto, aquí te llevo, en pensamiento, palabra y obra. Sé que con todo tu amor y con tu bendición, vuelvo a la vida, acompañada de tu eterna sonrisa.

Nunca me olvides, yo no lo hago.

viernes, 30 de marzo de 2012

Yo sigo siendo yo


Tropiezo en el mundo virtual con este poema que un amigo ha colgado tras el fallecimiento de su padre hace unas semanas. Son palabras de San Agustín. Mi padre estudió durante diez años con los agustinos en el Monasterio de El Escorial y, en algunas ocasiones, llegó a hablarme de su filosofía y de algunos de sus pensamientos. Y después de muchos días lo he sentido muy cercano, susurrándomelas al oído...

La muerte no es nada.



No he hecho más que pasar al otro lado.


Yo sigo siendo yo. Tú sigues siendo tú.


Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.


Dame el nombre que siempre me diste.


Háblame como siempre me hablaste.


No emplees un tono distinto.


No adoptes una expresión solemne ni triste.


Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos…


Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.


Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,


sin énfasis ninguno, sin huella alguna de sombra.


La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.


¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos?


¿Solo porque estoy fuera de tu vista?


No estoy lejos, tan solo a la vuelta del camino…


¿Lo ves?, todo está bien…


Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar


su ternura acendrada.


Enjuga tus lágrimas, y no llores si me amas.





martes, 7 de febrero de 2012

Canción de invierno y de verano



Cuando es invierno en el mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el
puerto de Bremen con jirones de niebla y de hielo
en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del Pacífico Sur
bellas bañistas.

Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.


Porque cuando es de día en el mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz—



es de noche en Valparaíso
-rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

                


Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba -detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.

Pero jamás en el mismo día.
                  
                                      Ángel González

sábado, 4 de febrero de 2012

Microrrelato I


El día que decidió suicidarse arrojando su cuerpo desde la vigésima planta de aquel rascacielos, no contó con la silueta desnuda de su vecina que se divisaba tras el cristal de la ventana del undécimo piso. Deseó poder detener esa caída absurda, y en un instante, se encontró delante de su puerta. Le pidió solícito un poco de azúcar; al día siguiente unas gotas de aceite y al tercer día su corazón. Ella se lo entregó aderezado con algo de sal y a él le supo a caramelo dulce. Dos semanas más tarde, ella se lo requirió, solo el corazón, podía quedarse con el azúcar y el aceite prestados. Él deseó morir en ese momento y, de nuevo, se encontró en una caída libre delante de la ventana del noveno, del quinto, del tercero… ¡Qué sonrisa más hermosa la de la vecina del primero! Deseó corresponderle con otra, mas ya no tuvo tiempo.
No siempre el amor extiende sus alas y nos salva.

(Basado en una idea de García Márquez)