lunes, 18 de julio de 2011

Amante


Las palabras son la clave para entender el mundo y nuestra realidad extralingüística. Aquello que no tiene nombre, no existe. Y lo que existe tiene que ser nombrado. Inventamos palabras hasta para lo desconocido o que no entendemos. Las palabras pueden ser raras, extravagantes, sencillas, divertidas, bellas, sugerentes, sonoras, curiosas… Así podemos leer o escuchar chichisbeo, impecune, suripanta, lagarejo, alipori, vesania, sicofanta… y aunque no tengamos ni idea de su significado, el significante puede hacernos evocar ese significado desconocido o hacernos repetir y musitar cada sonido, en voz baja, intentando lograr comprender.


Una de las que más me gusta por su significante y su significado es AMANTE. Del latín amans- antis, es su participio activo. Activo, no pasivo. Amante es el que ama. No el /la que se entretiene con alguien, tiene una relación pasajera, sólo se deja querer, engaña o se burla del amado/a. Amante es el que ama de verdad. Me fascina su sonido y lo que entraña:


Por amiga, por amiga.
Por amiga, por amiga.
Sólo por amiga.

Por amante, por querida.
Sólo por querida.

Por esposa, no.
Sólo por amiga.

Rafael Alberti



jueves, 14 de julio de 2011

Tus ojos


Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento, mar sin olas,
pájaros presos, doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro
de un árbol(...)

Octavio Paz

miércoles, 13 de julio de 2011

Contra los elementos...


Mi padre me envía a recoger los resultados de unos análisis clínicos. Día 11 a las 18.00 horas. No se te olvide. Descuida papá. A las seis como un reloj. Buenas tardes, vengo a recoger estos resultados. ¿A esta hora? Imposible, no hay nadie de enfermería, contesta María. Disculpe, pero le han indicado este día y esta hora a mi padre. María llama por teléfono a María José que se extraña igual que María. Después de dos o tres llamadas, paso a consulta de enfermería de María José. María José está acompañada por X. ¡Qué raro que le hayan dicho a esta hora! Pero vamos a intentarlo. Tienen que estar los resultados en el ordenador. Yo no lo he hecho nunca, pero he visto cómo se hace. Es que, la que suele hacerlo, Charo, está tomando un café. María José lo intenta con calma, mucha calma, pero con ganas: el día antes que el mes, seguido del número de referencia, no, el mes antes que el día, seguido del número de referencia, el día con un 0 delante, porque no tiene dos cifras…X le da consignas porque es el mismo programa informático del hospital en el que trabaja, pero ni por esas. Necesitamos refuerzos, así que llaman a Charo, la del café, que les indica cómo llegar hasta los resultados, pero no aparecen. Pantalla en blanco. No te preocupes. Llamamos de nuevo a María y le pasamos la pelota. María, por favor, sube a primera planta con esta señora y busca en consulta 2 el informe de este paciente. Me encuentro con María en el pasillo, y muy amable, me indica que “ya sabía que le iba a tocar a ella”. Llegamos a consulta 4 y María enciende un ordenador, lento, lentísimo, y para mi sorpresa, vuelve a entrar en el mismo programa informático y realizar tentativas como las anteriores: el día antes que el mes, seguido del número de referencia, no, el mes antes que el día, seguido del número de referencia, el día con un 0 delante, porque no tiene dos cifras… Le comento que Charo ha dicho que el mes antes que el día seguido del número de referencia. De nuevo pantalla en blanco. Espera voy a intentarlo, a ver si lo estamos haciendo bien, con unos análisis de una vecina que tengo que sacar porque, ¿sabes?, está embarazada. ¡Voilà! Los de la vecina si aparecen. Deducción lo estamos haciendo bien y además son correctos los índices de hematíes y triglicéridos en la vecina. Mientras ella lee los resultados, consulto mi reloj. Treinta dos minutos en busca del análisis perdido. Pues nada, tendrás que pasarte mañana por la mañana, a ver si alguien puede dártelos. Disculpe, mañana mi padre tiene consulta en Cádiz y debe llevarse estos análisis. Bueno, vamos a buscar en estas carpetas. Y aparecen los resultados. ¡Ah!, no, son del 3 de mayo. ¿Y qué hacen aquí estos resultados? Estaban extraviados, los habían enviado a Paterna. Desconozco si mi padre ha estado alguna vez en su vida en Paterna. Me entrega esos, pero no son los que buscamos.

A esto, seis llamadas de teléfono a mis padres para intentar averiguar el nombre de su médico a ver qué podemos hacer, pero lograr que mi madre coja su móvil es parecido a eso del camello y el ojo de una aguja. Antes de marcharme, paso por la puerta de una consulta médica que está atendiendo en ese momento a pacientes. Recuerdo que en alguna ocasión he acompañado a mi padre al médico en esa consulta. Espero unos minutos y, entre paciente y paciente, me cuelo y pregunto a la doctora si mi padre es su paciente. No, tenía que ser no. Desisto y bajo las escaleras. Antes de marcharme, paso por el mostrador de María y le doy las gracias. Le explico lo del médico. ¡Ah!, el nombre del médico podemos dártelo ( a buenas horas, mangas verdes). Ahora el ordenador de María va muy lento. Vamos al mostrador de otra señora que introduce nombre y apellidos de mi padre. Aquí está, el doctor Z, y casualmente está en consulta esta tarde. Obviamente, ya deduzco quién tiene los análisis. Subo de nuevo a consulta. Diez minutos ante una puerta cerrada. Consulto el reloj, cincuenta minutos llevo ya entre esas paredes. Por fin, se abre la puerta. Buenas tardes, venía por los análisis de este señor. Pase, me extrañaba, había quedado con él a las seis. Estoy a punto de soltarle una fresca. Pongo mi mejor sonrisa y le explico en diez segundos los últimos cincuenta minutos. Se extraña. En usted entiendo que haya dado tantas vueltas, pero no lo entiendo del personal, la tenían que haber pasado a consulta. Respiro hondo. Venga, vamos a lo que vamos. Y ahí que de nuevo abre el sexto ordenador de la tarde, entra en el mismo programa de los seis anteriores, e introduce la misma clave. Ya le adelanto que no van a estar los resultados de mi padre. Me mira levantando la ceja izquierda. Pantalla en blanco. Efectivamente, señor doctor. Es lo mismo que llevamos haciendo desde hace casi una hora. Después de cinco minutos, por fin, por fin, aparecen los benditos resultados. Verá, no los encontraban porque no estaban a nombre de su padre sino del médico del hospital que los había solicitado. Mi último pensamiento no puedo escribirlo. ¡Vaya protocolo médico! En fin, después de imprimirlos dos veces, pues se cortaban los folios, consigo tener en mi mano los ansiados resultados. Antes de marcharme, me comenta muy amablemente, que de todos modos, no hacía falta que fuese por los resultados, que están colgados en un servidor central y el médico de Cádiz, podía haberlos consultado desde su ordenador. ¿Y esta información no la puede saber la primera señora del mostrador que me atendió hace ya una hora? De nuevo recompongo mi mejor sonrisa y le doy las gracias, por nada.

Ayer consulta en Cádiz. Lo primero que le hacen a mi padre es un análisis de sangre. ¿Por qué, papá? Si nosotros traemos los resultados que recogí ayer. Es que dice el médico que pueden variar en unos días los índices y que mejor hacer unas pruebas nuevas. Ni contesté. Preferí irme a desayunar.


domingo, 10 de julio de 2011

Recogiendo calcetines

Esta entrada no la he escrito yo. Su autora es Mermelada de moras( Julia, se llama igual que mi hija) y escribe divinamente. Lo que da de sí un par de calcetines...

Recogiendo calcetines, me ha venido a la cabeza una comparación que me ha apetecido compartir. Creo que la vida y las relaciones son como los calcetines y sus historias; hay parejas de ellos que encajan a la perfección, que no causan problemas, que se lavan y secan al lado y vuelven al cajón juntos.

Otros calcetines se pierden por el camino, se intenta buscar un sustituto, pero el color no es exacto, la textura tampoco y muchas veces terminan por quedarse sueltos. A veces, con mucha suerte, un calcetín sin pareja durante meses puede volver a encontrarla (bajo la cama, tras la mesilla, en alguna maleta...), darse una segunda oportunidad y volver a ser felices.

A veces aunque dos calcetines no encajen del todo pueden servir para la misma utilidad y funcionar juntos para siempre, ser muy felices y encontrar en sus diferencias la gracia de su relación.

A mí personalmente me encanta esta imagen, en las diferencias está la riqueza y qué más da lo que digan, mientras abriguen bien tus pies...



¿Y tú, has encontrado a tu par?

viernes, 8 de julio de 2011

Malabares

Más de cuarenta años trabajando en casa y en su negocio. Cuatro hijos y muchos veranos que resolver. Levantarse temprano, preparar la comida que nosotros bajábamos a la playa y allí esperábamos a que llegasen nuestros padres para darnos el primer baño del día. La comida, el breve descanso y de nuevo vuelta al trabajo mientras que algún familiar cercano nos “echaba un ojo” hasta que nos volvíamos a casa donde esperábamos de nuevo a nuestros padres. Y así hemos pasado los veranos más felices de nuestras vidas, llenos de arena, juegos, baños y atardeceres. Íbamos a mariscar a las piedras, paseábamos hasta el límite mental que nos imponían los fortines al final de la playa y el chocolate se derretía entre el pan caliente en el mes de agosto.

Y no, ninguno de los cuatro hermanos tenemos ningún trauma. Ni tenemos la sensación de abandono, nos cuidaban en la distancia y con largos tentáculos hacían malabares para que no lo notásemos. Vaya mérito.

Sin querer generalizar, ahora no sabemos qué hacer con nuestros hijos durante el verano y buscamos talleres, campamentos de verano y decenas de actividades para tenerlos entretenidos. No lo critico, las circunstancias son otras.

Hoy, 8 de julio, es el cumpleaños de mi madre, y me han venido a la memoria esos veranos que nos regalaron y que se han quedado grabados para siempre. Hoy me encantaría verme en la orilla de la playa con el cubo y la pala, jugando con la arena, y medio mojada, volver la vista hacia el sombrajo y verte sentada disfrutando del sol.

Felicidades, mamá.

jueves, 7 de julio de 2011

Tú eres el regalado

El primer propósito de estas vacaciones: quitarme el reloj.
Y más desde que leí estas palabras de Julio Cortázar:

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

(De todos modos lo llevaré a arreglar, se le ha roto el cristal, para cuando tenga que regalarme de nuevo)

miércoles, 6 de julio de 2011

Soy un es cansado

Hace exactamente noventa y cinco minutos que acabo de finalizar mi vigésimo curso. ¡Veinte años! ¡Cómo vuela el tiempo!
No podría ya nombrar a tantos alumnos que han pasado por mis clases. Algunos ya rondan los treinta años, se han casado y han tenido sus primeros hijos, es decir, tengo " nietos pedagógicos".
Acabo de comenzar las ansiadas vacaciones y, eso mismo, ansiedad es lo que siento en este momento. Como todos los años, necesito adaptación. Después de diez mil informes, juntas, pruebas de escala, pruebas de registro, pruebas de referencia de la expresión escrita( a ver qué se inventan para el curso próximo las altas esferas educativas), corrección de exámenes, calificaciones, seguimiento de alumnos, programaciones,corrección de artículos y circulares, pruebas de ingreso..etc, etc, etc, una llega a estas fechas con la lengua fuera y el corazón a cien por hora.
Necesito desaceleración y entrar en un aburrimiento absoluto. Eso es lo que necesito, distinto es que lo consiga.

En esta primera tarde, me siento como Quevedo:

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.