viernes, 23 de noviembre de 2012

Confesiones IV



No ha sido por falta de temas que comentar en el blog, pero no quería interrumpir estas confesiones que comencé hace unos días con otras cuestiones más (o menos) mundanas. Me parecía una falta de respeto hacia mis amigos.  Después de un lapsus, imagino hasta que ha arreciado algo la tormenta, Raúl me comenta que  no sabe si reír o llorar ante tamaña majadería. Leer los pensamientos de su mujer en mi blog mientras  en casa ella se pasea como nebulosa fantasmal que no le dirige la mirada, y menos la palabra,  le produce, no extrañeza, sino cierto pavor. Pues sí, chico, esta bipolaridad tendría que asustarte, pienso con cierta sorna.

 Me comenta que nota que estoy acercándome a la postura de Amaranta. No es cierto. Tú eres mi amigo, mi muy querido amigo, sin embargo esta cualidad no me impide que pueda pensar en lo que está bien y en lo que está mal. Y por ahora, y a falta de las explicaciones que queráis hacerme llegar, el que ha metido la pata hasta el fondo eres tú. Claro, me suelta, no has tenido en cuenta por qué he llegado yo a ese punto, por qué he mirado a otra mujer, por qué esa necesidad de sentirme vivo. Llevas razón, no he ido hasta las razones que te han empujado a ser infiel. Te escucho:

-No lo tenía planeado. Imagino que ya no sentía lo que tenía que sentir, ¿no? Si hubiese sido así  no me hubiese fijado en otro cabello, otras piernas, otra sonrisa.
-    -Visto así…
     -Es duro, pero es la conclusión a la que llego tras pararme a pensar en lo que estoy viviendo.
-  -¿Te has planteado qué es lo que tendrías que sentir? Dime, al menos, que no esperabas a esta altura de la película que el corazón te galopase cada vez que tu mujer cruzase  la puerta.
-   -¿Y por qué no?
   -Estás de broma, ¿verdad? Después de tantos años, estarías muerto ya de tantas subidas de adrenalina. Eso es enamoramiento, no es amor. El amor es otra cosa.
   -Es lo mismo.
   -Vale, no vamos a discutir sobre esto, pero lo que yo entiendo por amor tiene mucho de dulzura, de tranquilidad, complicidad, sexo, pasión, apoyo, admiración, ternura y poco de sofocones y latidos arrítmicos.
   -Lo que me describes suena a monotonía.
   -Suena a amor, bendita monotonía de un buen amor. Pero ya veo que no es cuestión de ser nominalistas y darle un nombre a lo que sientes, lo importante es esto, lo que te late o ya no te late. Da igual, esto es algo tuyo, íntimo y que tú solo puedes descifrar. Al menos dime que has dejado el cliché de lado.
    -¿El cliché?
    -Por favor, no es rubia y pechugona…
    -Ja, ja, ja, ¡eres tremenda!
    -Lo sé, pero he conseguido sacarte una carcajada.
    -No quiero hablarte de ella…
    -¡Dios!, ¡es rubia y pechugona…!
    -¡Déjame en paz!
    -De acuerdo, no comentaré más sobre los atributos femeninos de tu gata, pero te recuerdo que para llegar al estado de leona de Amaranta, seguro que le queda mucho a esa rubia de bote.
    -¿Ves? Se te ve el plumero.
    -Pues sí. Y en este punto no hay discusión. Mil años que viva y mil años que tu mujer será la mejor para mí.
    -No voy a discutirlo, y menos si en unas horas Amaranta lee tu blog.
    -¡Cobarde!


1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por apoyarme en estos momentos y defenderme. Un beso, Amaranta.