miércoles, 24 de febrero de 2010

Cerradura


Momento mágico. Sólo se siente y escucha el silencio. No hay aire, ni viento, ni brisa, ni ruido. Nadie a tu alrededor, ni seres, ni mundo, ni palabras. Soledad. Te inclinas a mirar. Un diminuto orificio por el que traspasa la luz. Y, de repente, tú también te vuelves diminuto, segundo a segundo. Y ya no tienes algo más de cuatro décadas a tus espaldas que pesan casi como un siglo; sientes la curiosidad de tus cuatro o cinco años. Y te vas inclinando suave y lentamente, como el que teme que un movimiento inadecuado rompa la magia del momento. Tu ojo va por delante, a la vanguardia, promete enviar la información a los sentidos lo antes posible, pero desea llegar el primero a aquel orificio de luz que tantos secretos esconde: la otra parte, lo de más allá, lo desconocido. Apoyas tu mentón sobre la puerta y la pupila se pone en alerta.

Y ahí está…


2 comentarios:

Arbaro dijo...

¡¡Ahora la niña ademas de escribir bien, hace buenas fotografías!!

Arbatán dijo...

Ja, ja, ja!! Tengo un magnífico maestro!