martes, 17 de enero de 2012

¡Va toro!

Si tuviera que elegir entre todos los momentos vividos durante el año que ha terminado, sin duda, uno de ellos sería una experiencia de una belleza aterradora.

Nos invitaron, a Arbaro y a mí, a un reconocimiento de una corrida que se iba a celebrar en agosto. Ganadería de Fermín Bohórquez. Nunca había asistido y si llego a tener solo una remota idea de qué era aquello, otro gallo hubiera cantado.

Allí que nos presentamos en la plaza de toros a la hora acordada y tras esperar unos minutos, la presidenta de la plaza, junto al presidente, el mayoral de la ganadería, el veterinario y un par de personas más, nos invitan a pasar a un chiquero de unos cuarenta metros cuadrados y nos ubican en un pequeño pasillo, nuestra espalda pegada a la pared y delante de nuestro cuerpo, a unos veinte centímetros, un burladero chapado. En este instante ya comencé a preguntarme qué demonios hacía yo allí, pero vista la tranquilidad del personal asistente, me concentré en hacer bien mi tarea que consistía en valorar a los animales cuando los tuviera delante. ¡Y vaya si los tuve!

Cuando la presidenta dio la orden para que bajase el primero de la corrida, y escuché el grito de “ ¡va toro!” quise volatizarme en ese mismo instante.¡Dios mío! Un bicharraco de 560 kilos que no tuvo otra mejor presentación que venir a derrotar (pegar una cornada) en la chapa tras la que yo me encontraba. No os podéis imaginar lo grande que se ve y se siente un toro a cincuenta centímetros de distancia. Cada ojo era como un puño de los míos (he de reconocer que eran magníficos), con unas pestañas enormes y el pelo, terciopelo azabache. Los segundos se hacen horas. El animal, quieto, parado, inmenso en su elegancia, mirando directamente y yo sintiéndome pequeñísima e indefensa ante una cornamenta a medio metro de distancia. Así fueron pasando todos, el segundo de 550 kilos, el tercero de 575, el cuarto de 580, ¿no hay toros más pequeños, por favor?

A estas alturas, el presidente de la plaza nos señala una zona del burladero cuya chapa está dañada porque en el reconocimiento de la semana anterior un toro había introducido un asta por un hueco hasta casi ensartar a uno de los que asistían al reconocimiento. ¿Y ahora me dice esto? Si lo llega a decir cinco minutos antes de entrar, ¡ni de broma! ¡Y ya no me dejan salir! Entendí perfectamente a los claustrofóbicos.

Y ahí que llega el quinto con 580 kilos, un cabezón tremendo y yo solo sé decir “ visto” para que se marche pronto y entre ya el último, ¡ con sus 590 kilos! Ya queda poco, y “mira qué trasera” y “ qué cornamenta” y “ este es abrochao” y “ es largo” …, y yo que no veía nada de eso, solo me fijaba en esos ojazos, carbones fijos que me miraban y tenían la querencia de venirse delante de mi cara. ¡Uf! Ya hemos terminado, puedo respirar. La respiración se me cortó a los diez segundos. “Va toro”, ¿otro? Los sobreros, se me habían olvidado los sobreros…, uno de 605 y el otro de 615 kilos respectivamente. Y yo solo podía decir “visto”, “visto”… ,¡y bien que los vi!

La experiencia duró unos cuarenta minutos, sin embargo, dos horas más tarde todavía seguía temblando. Me reafirmó en mi idea de que es uno de los animales más bellos del mundo, sobre todo, en libertad. También me reafirmé en la idea de que ¡quién me manda a mí  meterme en estos berenjenales! No aprendo.

domingo, 15 de enero de 2012

El Retiro

       Hoy he visto en El Retiro los primeros cogollos de hojas tiernas, recién brotados en las ramas de los  castaños, que tienen todavía una abstracta desnudez invernal...
                                                        Antonio Muñoz Molina. La huerta del Edén.



                                                    Siempre es un lujo una escapada a Madrid.
                                                                                  28 de diciembre de 2011

jueves, 12 de enero de 2012

El ojo de la aguja


Una manera dulce de pasar por el " ojo de la aguja"...


Al amor llegué con un grito de seda
y puse las dos mejillas,
el cuerpo y la conciencia.

Nada quedó de mí,
ni siquiera una carta,
ni siquiera un espejo en donde reconocerme.

Mas aprendí a pasar
por el ojo de la aguja,
es decir a perdonar sinceramente.
A dejar la piel en el alambre,
a dolerme desde los pies
a la cabeza.
 
Lo perdí todo.
Y cuando entendí que no sabía defenderme de la gente,
respondí con una bofetada de ternura,
porque yo sé
que sólo los dulces heredarán la tierra.


Mía Gallegos

domingo, 8 de enero de 2012

Ilusión...




Después de casi un mes, intento retomar este mi espacio publicando la primera entrada de este año 2012. Mañana vuelta al lugar de trabajo, no al trabajo, que ya lo he retomado en estos últimos días. Han sido unas fiestas algo extrañas, bastante descolocadas, precipitadas y desubicadas. Pero tienes que seguir el ritmo que te marca el calendario aunque estés deseando que sea quince de mayo o tres de septiembre Y por primera vez en mi vida he comprendido a aquellas personas a las que no le gustan las Navidades, la sensación de estar fuera de todo el teatro que se monta alrededor de estas fechas, casi como una espectadora cansada de la parafernalia, las luces y el espíritu navideño. Una pequeña escapada a Madrid me ha permitido salir a la superficie a tomar aire antes de zambullirme de nuevo.


Y me molesta, porque siempre ha sido una de las épocas del año que más me gustan, porque me he convertido en niña cada final de diciembre para celebrar con la familia reunida estos días, porque mi hija nació casi con el año nuevo, porque los amigos de verdad se entretienen en hacerte más feliz con sus llamadas, porque me encanta perderme para ayudar a los Reyes en su cansado trabajo de buscar los mejores regalos para los más queridos, y porque la noche en la que llegan sigue siendo la noche de la ilusión aunque sea porque la veo a través de una niña de trece años que sigue dando saltos cada vez que abre un regalo.

No quiero perder esa ilusión, no quiero ser una adulta que arranca las hojas del calendario sin esperar una nueva sorpresa en la siguiente esquina. Así que mi deseo para este año, además de mucha salud para todos los míos, que falta nos hace, es el de encontrar mi vieja mirada llena de ilusión. Con eso me conformo.



martes, 13 de diciembre de 2011

No me gustan

Hoy, por casualidad, me he topado con este artículo extraviado entre los miles de archivos del ordenador. Y sigue tan vigente...
No me gustan las manos blancas y húmedas, las pastelerías con luz de neón, los que usan bastón sin estar cojos, los granos de arroz dentro del salero, el helado servido en una copa de metal, los coches con alerones, los pantalones blancos transparentes, los gritos del megáfono en las tómbolas donde se rifan muñecos de peluche, los que soplan en la cuchara de la sopa, las cunetas llenas de papeles y botellas, las vitrinas polvorientas de los bares de carretera que exhiben productos típicos de la región, los tipos que te hablan muy cerca de la cara echándote un aliento fétido, los que salen del restaurante con un palillo en la boca y al pasar junto a tu mesa te dicen; que aproveche, el olor a margarina asada de las cafeterías, el gracioso que cuenta chistes los viernes en las cenas de matrimonios. El infierno también se compone de minúsculas cosas que a uno no le gustan: los músicos callejeros que utilizan grandes bafles para pedir limosna tocando un bolero, los intelectuales sesentones que todavía usan pantalones vaqueros muy ceñidos, los besos en las mejillas demasiado húmedos, los huesos de aceituna sobre el mantel, chuparse la yema del dedo para pasar la hoja del periódico, los que riñen con el camarero, las cubiertas de los libros con títulos dorados en relieve, los calcetines blancos en invierno, el chándal para dar vueltas a la manzana, los domingos, los nombres que salen en negrita en cualquier artículo. El infierno de cada día también es eso. Manuel Vicent. El País (12-VI- 94)

jueves, 8 de diciembre de 2011

imbéciles/imbécilas

20 de noviembre. Votaciones. Escojo el sobre para votar al Congreso y al Senado. En el sobre del Senado leo:
La imbecilidad de siempre. En lugar de utilizar SENADO, pues escribimos Senadores/as y todos nos quedamos más contentos y felices porque somos muy modernos y avanzados, viva la igualdad. Pero cual es mi sorpresa al tomar el papel para votar que se introduce en el sobre y leo:
¿En el sobre Senadores y senadoras y en el interior solo candidatos? ¿Y las candidatas? Será porque nadie se va a entretener en leer despacio la introducción. En el sobre sí porque llama más la atención, y "candidatos" por ahí perdido, que eso solo lo leen los que no tienen prisa. Ni ellos mismos están convencidos del jueguecito que se traen con la Lengua en pos de la igualdad.

martes, 6 de diciembre de 2011

Brujillas en el blog

Después de dos horas intentando subir fotos que aparecían dobladas, de salir unos subtítulos en azul, de moverse toda la entrada hacia arriba y hacia abajo, al publicar la entrada anterior descubro el desaguisado, todo movido, descolocado, las entradas adosadas , los comentarios superpuestos. ¿Y alguien duda de que no existen brujas en los ordenadores?