viernes, 18 de noviembre de 2011

Ausencia

Te has ido. Como se marchan las personas elegantes, en silencio, sin muchos aspavientos, sin llamar casi la atención. Casi sin avisar, casi sin dar tiempo al ¡ay!, para que no se note mucho, para que no sufran de más, para que no se sientan muy perdidos, para que pudieras descansar. Y la tristeza los inunda, por lo precipitado de tu despedida, por las palabras que quedaban por decir, por la infancia perdida definitivamente. Ya eran mayores, ahora lo son algo más, algo más viejos, algo más cansados, algo más curtidos. Eras el punto de referencia, la fuerza centrípeta que los atraía, la matriarca respetada y querida, la hacedora de recetas de cocina de toda la vida; eras la misa y el cierro, la llamada de teléfono diaria y la que esperaba con paciencia y resignación otra llamada para paliar ausencias clavadas en el alma.

Dejas atrás a unos hombres hechos y derechos y a un ángel de mujer, María, con una sensibilidad y cariño que he visto transformados en la forma en que te miraban estos últimos días, cómo te cogían de la mano, la ternura con la que te obligaban a comer, o te movían, o la generosidad con la que te cuidaban sin quejarse.

Y ante mí, has sido la discreción y la prudencia. Para que no te hicieran daño ni a su vez hacerlo yo, tuve que elegir la distancia. Sin hablarlo, lo aceptamos y se nos quedó para siempre esa conversación pendiente. Nunca me preguntaste por qué, nunca he tenido que responder. Tú querías la felicidad de los tuyos y yo empujaba en la misma dirección. Si me juzgaste, no me lo hiciste saber, si te hice daño, no lo sumaste en mi cuenta del debe. Por eso puedo hoy hablar de tu talla como persona. Tenías el veneno perfecto para lanzarlo y te lo tragaste, el que podías dirigir hacia mí y hacia otros.

Por todo eso GRACIAS y hasta siempre.
No dejes de cuidarlos
Un beso

2 comentarios:

Arbaro dijo...

Ella no te juzgaba, como tampoco se quejaba, como nunca se quejó de nada. Su gran preocupación era "la niña", siempre que había un cambio preguntaba como se lo tomaba ella y como estaba. Seguro que se fue mas tranquila sabiendo que tanto "la niña" como yo no estabamos solo, que os teniamos a vosotras. Por eso gracias a ti.

Te quiero.

Alfonso y María dijo...

Cuando te veamos y te demos un abrazo, no nos preguntes porqué.Gracias de los dos.