sábado, 9 de mayo de 2009

Envidia

Ayer os vi pasar.
Entre una multitud de personas sonrientes, del ruido infernal de la música de las casetas de la feria, del bullicio, entre los colores de los trajes de gitana de las mujeres, de los niños con cara de cansados, de los vendedores de mil artilugios, entre el olor a vino del Puerto…os vi pasar.

Erais una isla en medio de ese alboroto.

Paseabais juntos. Tú perfectamente peinada, maquillada, con gafas de sol y elegantemente vestida con tu traje de chaqueta mirabas a tu alrededor como una niña pequeña que ve por primera vez una feria. Él,con su mano izquierda sobre tu hombro, te llevaba bien pegada a su costado, disfrutando contigo de ese espectáculo de color y sonido.

Y pude ver en medio minuto que os estuve observando a los niños de quince años que podíais haber sido, a la pareja de edad adulta, a los hijos que nunca llegaréis a tener, imaginé cómo podía haber sido vuestro amor, a los cuarenta, cincuenta, sesenta, a todos esos momentos que no habéis compartido, todas las horas que no os habéis tenido… porque vuestro amor llegó a partir de la barrera de los ochenta años.

¡Benditos ochenta años! Estos que han permitido que os conozcáis, que la ilusión llegue a vuestra vida. Este amor que consigue que no penséis en enfermedades ni medicamentos, sino por dónde vais a pasear hoy cogidos de la mano. Este amor por el que habéis luchado contra viento y marea, contra la lengua de muchos, por el que habéis decidido vivir juntos, sin pasar por la vicaría como se espera en personas de vuestra edad, ese amor que consigue que tú te subas a unos tacones cuando según otros deberías estar en zapatillas recluida en tu hogar familiar, ese amor que consigue que él te mire con ojos encendidos, los mismos que miran desafiantes a todos los que os observan con la ceja levantada.

Un amor de caricias arrugadas, de huesos doloridos, de olor a infusiones y café de las tardes.

¡Benditos vuestros ochenta años!

Me dobláis la edad y el valor.

Y multiplicáis mi envidia, una sana y admirada envidia.

2 comentarios:

Arbaro dijo...

Po zi que es verdad. Yo de mayor quiero ser como ellos.

Francisco Belaustegui dijo...

El amor no entiende de edades... y normalmente el que no ve bien estas situaciones es porque realmente tiene una envidia (de la mala) tremenda... vive, y deja vivir.