domingo, 21 de noviembre de 2010

Miguel

Esta semana he tenido la suerte de conocer a una de esas personas diez que se cruzan una vez en la vida. Se llama Miguel y es peruano. Miguel era un hombre de éxito, jugador profesional de fútbol y una lesión le obliga a retirarse. Acude a la universidad y estudia una carrera que le permite acceder a un importante puesto de trabajo y ganarse la vida bastante bien, buena casa, buen coche, buena vida. Al nacer su tercer hijo tiene la desgracia de que este fallezca con seis meses de un ataque cardíaco. Él tuvo la suerte de disponer de dinero para, al menos, intentar salvarle la vida en el hospital. Allí pudo contemplar la desesperación de otras familias que perdieron a sus hijos porque se quedaban a las puertas del hospital con ellos en brazos sin ser atendidos por falta de fondos para poder pagar. Esto estremeció a Miguel. Esa misma noche otra familia perdió a su hijo pequeño y Miguel lo enterró junto con su hijo en el pequeño ataúd blanco porque no tenían para enterrarlo. Esto le cambió la vida a Miguel.
De vuelta para su casa se encontró con cuatro niños de la calle. Los recogió y llevó a su hogar. Les dio de comer, los aseó y esa noche pudieron dormir por primera vez en una cama caliente. Al día siguiente desaparecieron. Miguel no entendía qué había hecho mal y se defendió pensando que eran unos desagradecidos, de aquellos que muerden la mano que les da de comer. Sin embargo, para su sorpresa, esa noche los cuatro aparecieron ante la puerta de su casa para darle explicaciones del porqué de su huida. No se habían marchado por desprecio, se habían marchado porque tenían a otros compañeros en la calle y se sentían culpables de estar bien cuidados mientras el resto dormía abandonado bajo la luz de las farolas. Esa noche durmieron doce en casa de Miguel.
Hoy son más de ochocientos. Miguel vendió su gran casa y construyó un hogar para todos los niños de la calle que iba encontrando en una ladera de la ciudad de Lima, luego fue el coche y todas las pertenencias de “valor” que le quedaban. Hay días que no tienen nada para comer, pero él explica con una sonrisa que siempre ocurre un milagro que les permite comer esa jornada. Sus balones de juego son trapos liados con cuerdas y un balón de verdad es lo más maravilloso que pueden recibir. Tienen un taller de costura y cosen por diez centavos los Lacoste que luego lucimos en esta Europa tan irracional por diez centavos(creo que no llega ni a cinco céntimos de euro). Miguel les insiste en el estudio, en la importancia de formarse para el futuro, él y sus voluntarios les dan clase de todas las áreas, los llevan a la escuela , los obligan a estudiar inglés…, todo con un único objetivo, evolucionar y poder salir de la miseria.
Nunca he escuchado a nadie que hablase con tanta paz, no he encontrado en mi vida a una persona tan llena y que no tuviera absolutamente nada. Como él decía, allí no tengo candados ni alarmas, no me pueden robar nada, porque no tengo nada, y duermo estupendamente todas las noches.
Se despidió comentando que cada noche antes de dormir le dice al Flaco: “ Flaco, si la muerte me lleva esta noche, que me coja con una sonrisa”.

Pues sí, Miguel, que el Flaco te bendiga.

sábado, 30 de octubre de 2010

Los versos de Miguel Hernández inundan la red

"Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, poeta al que hemos ido recordando en Internet con numerosas actividades.Siguiendo la propuesta de otros blogueros literarios hagamos que la red se inunde con sus versos."

No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro,
en lo oscuro insiste el otro,
porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido,
el amor pálido y solo.

Cansado de odiar, te amo,
cansado de amar, te odio.

Os dejo el vídeo que he preparado para el Homenaje en nuestro centro.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Congreso Caballero Bonald "Enseñar la literatura"

Desde esta tarde y hasta el viernes 29, a las tantas, asisto al Congreso que este año ha organizado la Fundación Caballero Bonald sobre la literatura, con un título tan sugerente( al menos para los docentes) como "Enseñar la literatura".
Esta tarde dos importantes ponencias: Rodríguez Almodóvar con sus cuentos y su didáctica y Manuel Rivas, impresionante escritor, que nos ha embelesado con "La boca de la literatura" donde nos exponía cómo llegó él hasta ella.
En el descanso para el café( en mi caso colacao, como dicen mis compañeros, la niña del colacao) cavilaba sobre la diferencia entre asistir a un congreso de literatura, donde todos hablan de teoría y los escritores de sus obras, sus anhelos, su trabajo y el meterte todos los días en un aula e intentar conseguir que una veintena de alumnos se emocione con la literatura, lean, investiguen, escriban... El día y la noche. Los programas nos persiguen, hay que cumplir la temporalización, dar todos los temas, y al final te ves trabajando sobre la historia de la literatura y no como el profesor tan admirado de El club de los poetas muertos. ¿ Y por dónde comenzamos a cambiar esto?

Hoy hemos celebrado en nuestro centro, organizado por mi Departamento, un homenaje al poeta Miguel Hernández. Un grupo de teatro mallorquín ha representado parte de su vida a partir de las cartas del poeta a su esposa Josefina. En una segunda parte del acto, los alumnos han recitado poemas, compañeros profesores han leído, hemos mostrado un vídeo de su vida, el coro ha cantado poemas versionados, la voz de Víctor Jara ha resonado en el salón de actos con El niño Yuntero, y todos nos hemos emocionado con las Nanas de la Cebolla cantadas por el coro y recitadas por dos compañeras del departamento.

Si hemos conseguido que nuestros alumnos hayan conocido algó más de Hernández, comprendan su importancia en nuestra literatura y un sólo verso se les haya quedado grabado con esa tinta imborrable de los sentimientos, hoy lo habremos conseguido: hoy habremos enseñado y hecho literatura.

domingo, 24 de octubre de 2010

Carta de un hijo a todos los padres del mundo

No me des todo lo que pido.
A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.

No me grites.
Te respeto menos cuando lo haces; y me enseñas a gritar a mí también.
Yo no quiero hacerlo.

No me des siempre órdenes.
Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas.
Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana.
Si tú me haces sentir mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me
haces sentir peor que los demás, seré yo quién sufra.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer.
Decide y mantén esa decisión.

Déjame valerme por mí mismo.
Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que lo haga por ti. Aunque sea para sacarte de un apuro.
Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que me dices.

Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga el por qué lo hice.
A veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti, y así me ensañarás a admitir mis equivocaciones también.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con la que tratas a tus amigos.
Porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.

No me digas que haga una cosa y tú no la haces.
Yo aprenderé siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío, no me digas “eso no tiene importancia”.
Trata de comprenderme y ayudarme.

Y quiéreme y dímelo.
A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.


H. Juan José Brunet

miércoles, 13 de octubre de 2010

Haiku

El haikai o haiku tradicional es un breve poema de origen japonés con muchos siglos de antigüedad que debe su nombre al poeta Shiki. Tradicionalmente el haiku buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones o la vida cotidiana de la gente. Es una de las formas más bellas de la poesía japonesa.
Es una composición que consta de tres versos, el primero de 5 sílabas, el segundo de siete y el tercero de cinco, es decir, 17 sílabas (realmente se denominan moras : unidad lingüística de menor rango que la sílaba). Esta brevedad formal es el aliciente ,y el tener que encerrar un pensamiento en sólo tres versos no es fácil.

Existen muchos rincones de haiku, asociaciones alrededor de este tipo de poemas y casi todos los poetas que se precien lo han trabajado en algún momento de sus obras.

Mientras lo corto
veo que el árbol tiene
serenidad.

La poesía
dice honduras que a veces
la prosa calla.

Su voz aleja
el silencio, su mirada
trae la luz.

Elegante andar
el de la vaca
pisando violetas.

Huye la serpiente
y queda tranquila
la montaña de azucenas.

El ruiseñor
unos días no viene,
otros dos veces.


No juego al mus, pero ahí lanzo un órdago. ¿Quién se anima? Parece fácil. Si alguno no se siente muy satisfecho de su obra, se admiten anónimos…

viernes, 8 de octubre de 2010

Algo de humor...

En cierta ocasión una familia inglesa pasaba sus vacaciones en Escocia. Durante uno de sus paseos observaron una casita de campo que de inmediato les agradó y pareció cautivadora para su próximo veraneo. Indagaron quién era el dueño de ella, resultando ser un pastor protestante al que se dirigieron para rogarle que les mostrase la pequeña finca. El propietario se la mostró; y tanto por su comodidad como por su situación, fué del agrado de la familia que se mostró interesada en adquirirla para su próximo veraneo.
De regreso a Inglaterra, iban recordando detalle a detalle cada una de las habitaciones. De pronto, la esposa no recordó haber visto el W.C. y dado lo prácticos que son los ingleses, decidieron escribir al pastor protestante en los siguientes términos:


Estimado Pastor:

Soy miembro de la familia que hace unos días visitó su finca con deseos de adquirirla para nuestro próximo veraneo.

De regreso a casa, nos hemos percatado de un detalle desafortunado, y es que desconocemos dónde se encuentra el W.C. Podría indicarnos más o menos dónde se encuentra?

Al abrir la carta y leerla, el pastor, que desconocía el significado de la abreviatura W.C., creyó que se trataba de una capilla protestante llamada Wells Chapel ; y les contestó de la siguiente manera:


Estimada Señora:

Tengo el agrado de informarle que el lugar a que se refiere queda a 12 Km de la casa, lo cuál es algo molesto si se tiene la costumbre de ir con frecuencia, pero algunas personas llevan consigo la comida y permanecen allí todo el día.
Algunos viajan a pie y otros en tranvía, pero de ordinario llegan en el momento preciso.
Hay lugar para 400 personas cómodamente sentadas y para 100 más de pie. Los asientos están forrados en terciopelo púrpura. Además, hay aire acondicionado para evitar sofocaciones.
Se recomienda llegar temprano para ocupar un puesto.
A la entrada se les proporciona un papel a cada uno, y las personas que no alcancen al reparto, pueden utilizar el del compañero de asiento; pero al salir deben devolverlo para continuar usándolo durante todo el mes.
Todo lo que se deje allí depositado, será para dar de comer a los pobres huérfanos.
Hay fotógrafos especiales que tomarán fotografías en diversas posturas, las cuales serán publicadas en el diario de la ciudad en la sección: "Vida Social",
así el público podrá conocer a las personas en actos tan humanos.

sábado, 2 de octubre de 2010

Porque aprendí tarde

Porque aprendí tarde el dolor de la vida
tanta felicidad no podía ser eterna.
Otros habían sido abatidos desde temprano.
Conocía que los malos hados vendrían a buscar parte de mi dicha.
Hoy les agradezco que sólo se llevaran
un corazón enamorado.
Podía haber sido parte de mi hígado,
de mi cabeza o de mi razón.
¿Qué hacéis hados con mi corazón
en otro Olimpo? Estaba algo cansado
y no os sirve para nada.
Devolvedlo a este cuerpo errante y abandonado.
No os equivoquéis, no lo necesita para amar.
Siguió amando con médulas y sangre.
Pero este muñeco de hojalata
necesita que vuelva para marcarle
ese tic tac antiguo de la vida.
Y con ello tener la certeza
de que me habéis perdonado y no volveréis,
envidiosos, a llevaros de nuevo el fruto conseguido.
En ese caso, llevaos esta vez, mis ojos.
La luz de otros me acompaña.