sábado, 30 de marzo de 2013

Los nadies


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. 

Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada. 

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: 

Que no son, aunque sean. 

Que no hablan idiomas, sino dialectos. 

Que no profesan religiones, sino supersticiones. 

Que no hacen arte, sino artesanía. 

Que no practican cultura, sino folklore. 

Que no son seres humanos, sino recursos humanos. 

Que no tienen cara, sino brazos. 

Que no tienen nombre, sino número. 

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. 

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
 
Eduardo Galeano

 

lunes, 4 de marzo de 2013

En secano



No es por no tener temas sobre los que escribir, con la que está cayendo, todos los días florecen asuntos en esta tierra bendita que habitamos que no tienen desperdicio. La economía, el paro, los desfalcos, la corrupción política, los famosos, el rey y su mala pata, la carne de caballo, el Barcelona que pierde, los catalanes y su espíritu separatista, Bárcenas y Cospedal, Rubalcaba y su "liderazgo", los sueldos "raquíticos" de los sindicatos, los recortes en Sanidad y en Educación, y bla, bla, bla...bla, bla, bla...bla, bla, bla. La cosecha es tremenda y, tras veinte minutos de noticias, entra una apatía  tremenda.
He creado un blog nuevo para mis alumnos de Literatura Universal, Ítaca nos espera, y me está llevando un tiempo considerable alimentarlo con todo lo que necesitan para aprobar el área y presentarse a las PAU este próximo mes de junio, así que el deber antes que el placer, aunque tengo que confesar que estoy disfrutando mucho con el blog universalmente literario.
Y aunque no tengo mucho tiempo para compartir ideas a través de esta ventana, sí dejo un pensamiento: llueve y mucho ( no me refiero al tiempo atmosférico), y además sobre mojado, no obstante,  tenemos también el  refrán " al mal tiempo, buena cara".
Es hora de aplicarlo.
Ya saldremos de esta.
 
 
 

jueves, 21 de febrero de 2013

Cuentitis













Sé todos los cuentos


Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
 y que el miedo del hombre…,
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
 pero me han dormido con todos los cuentos…,
 y sé todos los cuentos.
                                          León Felipe


lunes, 18 de febrero de 2013

Literatura literaria


 
Siempre me han gustado los libros. Las hojas, mejor cuanto más rugosas, el negro sobre el blanco, la pelea de letras encorsetadas en una página, el olor a nuevo, la impaciencia antes de comenzarlo, el avance lento por cada página, el adelantarme algunas para conocer más y el reposo final en una estantería.

A todas las sensaciones anteriores tengo que sumar la de los títulos. Estos son la avanzadilla; un título acertado es la red en la que caemos para elegir un libro, el primer elixir que embriaga, la primera miel que endulza la lectura. Un título perfecto es ya la historia, la cierra y la mejora.

Cuánto dicen títulos como Pídeme lo que quieras, Misión olvido o El tango de la guardia vieja. Con el nombre propio de los libros publicados en los dos últimos años se puede hasta escribir una historia:

El cielo a medio hacer cubría Una tienda en París. Frente a su escaparate, me encontraba a la Intemperie, abstraído, pensando en La vida imaginaria. Llegaste tarde y me llamaste la atención por haber faltado a Las cenas de los martes, y tras escuchar tu interminable perorata de quince minutos fui consciente de Las ventajas de ser marginado. Prefería mil veces vagar solo, acompañado de El susurro de la caracola e imaginarme Los ojos amarillos de los cocodrilos que tener que sufrir la compañía de tus insoportables vecinos. Me perdonaste con esa mirada tuya que da calor a El invierno del mundo, no sin antes amonestarme con un < Que sea la última vez>. Te invité a tomar algo en La casa del viento, y como El amor huele a café me oí susurrarte Si tú me dices ven, lo dejo todo, pero dime ven. Nunca se me han dado demasiado bien Los enamoramientos y con La falsa sonrisa que te caracteriza me respondiste <Me encontrarás en el fin del mundo>. Y así me quedé, con tu último recuerdo En un rincón del alma.
 
 

jueves, 14 de febrero de 2013

Hay fechas que matan...


Aunque al escucharla parezca una canción de amor es un canto fúnebre a la muerte de un amigo. Hoy se cumple un triste aniversario.
Para ti, mi  amor eterno. Te quiero




viernes, 1 de febrero de 2013

Boca preposicional





A tu boca…, con avidez.

Ante tu boca…, la espera de la mía.

Bajo tu boca…, con pasión.

Con tu boca…, siempre de compañera.

Contra tu boca…, la fuerza débil.

De tu boca…, siempre la verdad.

Desde tu boca…, la palabra exacta.

En tu boca…,l a sonrisa eterna.

Entre tu boca… , y la mía...

Hacia tu boca… , mis labios expectantes.

Hasta tu boca…, la distancia perfecta.

Para tu boca…, mil besos encendidos.

Por tu boca…, la guerra ganada.

Según tu boca…, formamos el círculo perfecto.

Sin tu boca…, la oscuridad y el olvido.

Sobre tu boca…, mis suspiros confundidos.

Tras tu boca…, más de un  par de ojos perseguidores.



domingo, 20 de enero de 2013

Aquellos días azules de mi infancia


La única patria que tiene el hombre es la infancia (Rilke).

Tengo que estar haciéndome vieja según Benedetti y su cita  en la que declaraba que la infancia es un privilegio de la vejez y en esta etapa es cuando con más claridad se recuerda. No sé por qué llevo unos días pensando en mi infancia y en momentos de ella que echo de menos.

Echo de menos la mano de mi padre, tibia, agradable que agarraba siempre cuando nos sentábamos en el sofá o cuando caminábamos por la calle, gesto que he seguido realizando hasta su muerte; los  “migotes” para desayunar con agua caliente, leche condensada y el pan partido en cachitos; el baño que me daba mi madre y, tras secarme, me iba vistiendo mientras ella recitaba una oración cual letanía… “ bendito y alabado”, yo contestaba “sea”, “ el Santísimo Sacramento”, “ del altar”, y en cada grupo de palabras iba introduciendo una pierna, la otra, un bracito, el otro…; la hora de la comida en la que todos sentados a la mesa íbamos contando las anécdotas de la mañana  que mi padre adornaba con sus chascarrillos, y cuando el tema era enconado siempre echaba mano de una estadística ante la risa general; aquellos días de playa eternos y la alegría de ver a mis padres bajando la escalerilla a su vuelta del trabajo, señal de que el baño estaba próximo; las tardes de playa en la orilla jugando al puntillón tras una excursión a las rocas que eran el  límite de la más osada aventura junto con el paseo hasta los fortines; las Nochebuenas familiares con primos y tíos en las que nos reuníamos más de cuarenta personas ruidosas; el cubre almohada que me ponía de falda con cola de princesa y me arrastraba, bien enana tenía que ser; todos los perrillos que tuvimos y que hacían nuestras delicias; las visitas a mi abuela  paterna a aquella casa enorme y antigua que era todo un misterio, con alcobas cerradas que guardaban fabulosos secretos y mientras papá charlaba con ella la de kilos de café que le dejábamos molido con aquello molinillo antiguo  de  manivela, tras esto, las tostadas en La Mallorquina y la mano de la abuela diciéndonos adiós desde la puerta de la iglesia; aquel primer “Patoso” de los Reyes Magos que gateaba, ¡ un muñeco que se movía!; las tardes de Exin castillo montando y desmontando torres ( creo que nunca llegamos a montar un castillo al completo); los cacharritos de la feria a los que nos llevaban por la mañana para que ya no diéramos la lata durante el día y los concursos de sevillanas; las fotos que nos tomaba mi padre todos los domingos, arregladitos  los cuatro y cogidos de la mano en orden de mayor a menor…

Chesterton escribió “lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla” y si has tenido la suerte de tener una infancia feliz, es cierto que un instante que rememores es entrañable, a veces nostálgico, pero todos quedan grabados como surcos de arado que demuestran que has vivido y que, como en estos minutos que escribo, afloran como pañuelos de colores, anudados unos con otros, de los que tiras y no tienen final.